fútbol. segunda división
Otra vez a diez puntos
Dos derrotas consecutivas dejan a la Deportiva con un pie en Segunda B, aunque el equipo se aferra a las matemáticas como única tabla de salvación

Francis Suárez (segundo por la derecha) volverá a Ponferrada este martes.
Tras la victoria in extremis ante el Albacete de hace dos semanas, los más optimistas se aferraban al clavo ardiendo de las matemáticas y las rachas positivas para seguir confiando en la permanencia de la Deportiva en Segunda División.
Sin embargo, dos derrotas consecutivas, ante Elche y Las Palmas, han dejado a la Ponferradina donde estaba hace cuatro jornadas, a diez puntos de la salvación, con la diferencia de que ahora sólo quedan once partidos por delante hasta el final de la temporada.
Aunque el mensaje oficial desde dentro del club es el de agarrarse a las matemáticas para no caer en la desazón, lo cierto es que desde fuera ya son pocos los que creen en el milagro, y se van haciendo a la idea de volver a jugar en Segunda B el año que viene.
El propio Claudio reconocía tras el partido ante Las Palmas que la salvación estará «en cincuenta o cincuenta y un puntos», aunque le faltó decir que para alcanzar esa cifra la Deportiva debería sumar veintisiete, o lo que es lo mismo, ganar nueve de los once partidos que quedan. Sumamente improbable, si nos atenemos a los resultados conseguidos hasta el momento por el equipo blanquiazul.
Además, partidos como el de este sábado tampoco contribuyen al optimismo, ya que a pesar de llegar a Las Palmas con el agua al cuello, la Deportiva apenas puso en peligro la portería rival, salvo en un disparo lejano de Abraham y una clara ocasión de Máyor que se fue por encima del larguero. La prensa canaria llegó a decirle a Claudio en la rueda de prensa posterior al encuentro que su planteamiento había sido muy conservador para un equipo en situación límite, un comentario que no gustó nada al técnico de Manises.
Cunde el desencanto. A pesar de que la afición de la Deportiva se caracteriza por ser casi inmune al desaliento (baste recordar el amplio desplazamiento de seguidores a Vitoria hace cuatro años, con el equipo ya descendido), la parroquia blanquiazul empieza a ver el futuro del equipo cada vez más lejos del fútbol profesional.
Cierto es que, hasta el momento, el comportamiento de la afición ha sido impecable. El Toralín presenta cada quince días una de las mejores entradas de toda la Segunda División, con un mínimo de 6.500 personas en las gradas, superando incluso a equipos que están peleando por el ascenso a Primera. Además, salvo en el descanso del partido ante el Alcorcón, los incondicionales blanquiazules siempre han sido respetuosos con sus jugadores, a pesar de que en más de un partido haya habido motivos suficientes para la queja.
Ahora está por ver lo que pasa de aquí al final de la temporada, porque quedan por delante dos meses largos de competición y ya son pocos los que confían en una remontada histórica que permita estar al menos en disposición de pelear hasta las últimas jornadas. El presumible parón del próximo fin de semana podría contribuir a enfriar los ánimos de los seguidores más decepcionados por la marcha del equipo de cara al partido que debe enfrentar a Deportiva y Girona en el estadio berciano.
Sea como sea, la Deportiva debe seguir dando la cara en los partidos que restan y, si no se puede mantener la categoría, al menos terminar la temporada de una forma digna y con el mayor número posible de puntos. En la anterior andadura de los bercianos en el fútbol profesional, el equipo terminó la temporada con 46 puntos, en la vigésima posición, y si bien parece complicado alcanzar esa cifra, no es tan descabellado intentar al menos igualar el puesto.