Diario de León

León recupera a las liebres

La población de perdiz, sin embargo, sigue siendo una incógnita

Dos comederos perfectamente camuflados para fomentar la perdiz.

Dos comederos perfectamente camuflados para fomentar la perdiz.

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pedro vizcay | león
León

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Por fin, tras dos temporadas sin apenas liebres en el campo, parece que el veloz roedor vuelve a corretear por las cuestas y páramos de la campiña leonesa. El desastre que supuso el envenenamiento masivo destinado a los topillos, pero que indirectamente afectó a las poblaciones de liebres por la falta de control, obligó a muchos acotados a vedar de forma total o parcial el campo para la «rabona». Hubo incluso acotados que, pese a la prohibición, repoblaron sus acotados con liebres castellanas. Los resultados han tardado en apreciarse pero, según observaciones realizadas por expertos, cuando los campos ya comienzan a cosecharse, la recuperación es evidente.

En la península ibérica hay tres especies de liebres: la liebre de piornal, la liebre europea y la liebre ibérica . De estas tres especies la más extendida y abundante en España es la liebre ibérica, un endemismo peninsular que podemos localizar en Andalucía, ambas Castillas, Extremadura, Levante y algunas zonas de Galicia y de la Cordillera Cantábrica, pero no está presente en el oeste de Galicia, ni en el occidente de Asturias, ésta es precisamente la mas amenazada en Tierra de Campos. La liebre de piornal, de tamaño mayor, tiene un área de distribución muy restringida, en ambientes montanos, en alturas superiores a los 1.000 metros, de tal modo que sólo está presente en la Cordillera Cantábrica y montes de León, siendo Asturias y León los territorios que cuentan con una población más abundante de liebre de piornal.

Las perdices. Las polladas de perdiz, que salieron a comienzos del verano, afrontan su periodo mas delicado que suele coincidir con la cosecha de los campos y sembrados. Los expertos calculan que entre un 30 y un 60% de las bajas se producen en los desplazamientos que realizan en busca de agua y comida, por lo que facilitar ambas cosas puede reducir las bajas de forma sensible. Los comederos y bebederos perfectamente camuflados sirven para facilitar el desarrollo en las primeras semanas. Además permiten añadir medicación para combatir los frecuentes parásitos intestinales que debilitan o matan a los pequeños pollos. Si a esto añadimos el descaste de las alimañas, que ya se realizaron en primavera, habremos conseguido unas aceptables poblaciones de perdiz que nos permitirán disfrutar cuando comience la temporada a finales de octubre.

La perdiz roja es un ave endémica y genuina de la Península Ibérica, si bien existen pequeñas poblaciones en el Sur de Francia y Norte de Italia. En España, y salvo una pequeña franja de la cornisa Cantábrica, habita todo el territorio hasta una altitud de 2.500 metros. Su capacidad de adaptación es tal que incluso podemos encontrarla en las sierras mas elevadas de la montaña leonesa, puerto de S. Isidro por ejemplo, conviviendo con las perdices pardillas. En estas zonas de montaña se la conoce como «rubia», pero básicamente es la misma que habita las campiñas del sur provincial.

De cualquier forma la perdiz prefiere los espacios abiertos, zonas pedregosas con monte bajo y tierras de labranza. Si persisten los cultivos de cereales, vid y leguminosas encontraremos bandos más densos y nutridos. El abandono de los cultivos en la montaña ha supuesto un duro golpe para la perdiz hasta el punto de llegar a desaparecer de algunas zonas. La colocación de comederos y bebederos resulta conveniente e incluso necesaria.

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