MOTOCICLISMO. EL PADDOCK LLORA A ‘SUPERSIC’
Una fatalidad inevitable
La muerte de Marco Simoncelli mantiene conmocionado al mundo del motociclismo.
Aficionados dejan flores ante un cartel con el dorsal de Simoncelli.
El día después de una tragedia siempre es muy duro, casi tanto como el del mismo suceso. Sumida en una profunda tristeza, la gran familia de los integrantes del Mundial, la mayoría europeos, afrontaba el viaje de vuelta casa, en esta ocasión más largo y pesado que nunca, con el recuerdo omnipresente de Simoncelli y su prematura y dramática desaparición. Superado el «shock» inicial, llega la hora de la reflexión. Se plantean causas y consecuencias mientras se empieza a asimilar lo ocurrido, y el estupor inicial se torna impotencia. Es el momento de los cómos y los porqués, aunque no siempre se encuentren respuestas esclarecedoras
El accidente mortal de Marco Simoncelli, el segundo en el Mundial de motos en poco menos de un año, ha reabierto el debate sobre la seguridad en las carreras, cuestionando si las medidas actuales son adecuadas, y cómo se pueden mejorar para el futuro. Por lo que respecta a las causas del accidente, la conclusión es unánime: fue una fatalidad, una desgraciada combinación de las circunstancias más adversas que se pueden dar en carrera, lo que convirtió en letal una caída que habría podido ser como tantas otras. La clave estuvo en la trayectoria de Marco y su moto tras el resbalón, hacia dentro de la pista y no hacia la escapatoria como es habitual. El hecho de que el piloto italiano ya estuviera saliendo de la curva, dando gas y orientando su Honda hacia la recta fue determinante, así como su intento de salvar la caída, sujetando el manillar y tratando de hacer palanca con el cuerpo.
Ayer autopsia, el jueves funeral . Tras la práctica de la autopsia, de la que no han transcendido detalles, ayer en Malasia, los restos mortales de Simoncelli llegan hoy por la mañana a Roma, acompañados por el padre del piloto, Paolo, y la novia, Kate. Desde allí, cuerpo será trasladado a Coriano. La capilla ardiente se instalará mañana en el Ayuntamiento, y el funeral tendrá lugar el jueves.