londres 2012 | Historias olímpicas
El campeón desconocido
El equipo de dos con timonel de los Países Bajos venció en los Juegos de París en 1900 gracias a un muchacho del que nunca más se supo .
Los dos remeros, tras competir en su prueba posan para el fotógrafo.
Imagine que usted es un parisino de doce años y marcha al río Sena. Imagine que unos extranjeros le invitan a participar en una regata. Imagine que ganan y todos están muy contentos. Imagine que nadie le pregunta por su nombre y vuelve a casa casi como si fuera un día cualquiera. Imagine que es campeón olímpico y nadie (ni siquiera usted) lo sabrá. Ocurrió en los Juegos Olímpicos de París en 1900. François Brandt, Roelof Klein y Hermanus Brockmann andaban escamados.
Estaban convencidos de que con sus entrenamientos en Delft eran mejores remeros que los franceses, pero en las semifinales los dos barcos locales habían cruzado la meta con tiempos más de nueve segundos peores. El trío neerlandés estudió a sus rivales y las condiciones. Azotaba un verano caluroso, el Sena era el doble de ancho que el río Amstel y el viento en contra golpeaba con fuerza.
Pero la clave era otra: los locales sacaban ventaja de que su timonel solía ser un niño que no pesaba más de 25 kilogramos. ¿Qué hacer? Primero decidieron que su vigía, el doctor Brockmann, era un lastre demasiado pesado con sus 60 kilos. Después recorrieron la orilla del Sena en busca de algún pequeño que pudiera sustituirle.
Entre los curiosos encontraron a un muchacho que no superaba los 12 años y pesaba unos 27 kilogramos. Le ofrecieron formar parte de la tripulación y aceptó. Debieron añadir un lastre de cinco kilogramos porque el timón no alcanzaba el nivel del agua por la ligereza de su nuevo acompañante.
Tampoco se conoce de qué manera pudieron comunicarse con quien debía guiarles pero la solución resultó exitosa desde el primer momento. Según escribió un reportero del Algemeen Handelsblad, aquella final despertó gran expectación, con espectadores que siguiendo la carrera desde sus automóviles en el camino paralelo al Sena.
El ‘Minerva Amsterdam’, orientado por el pequeño ¿parisino? avanzó en cabeza desde la salida y solo al final una de las embarcaciones francesas amenazó con la remontada.
Brandt y Klein agradecieron a aquel muchacho la victoria. «Recibió una cálida ovación de los espectadores y de la tripulación», escribió el diario neerlandés. Se fotografiaron juntos y aquel niño se marchó mientras celebraban lo que ellos creían que era el campeonato del mundo (un conflicto entre el barón de Coubertain y la Federación Internacional de Remo enmarañó aquellos Juegos).
El Comité Olímpico Internacional (COI) inscribió al sustituido Brockmann como integrante del grupo vencedor, quien además formó parte del tercer puesto del ocho con timonel en una prueba en la que su entrenador achacó la no victoria a su ‘pesado’ timonel. Además, el COI tardó 112 años en reconocer aquella victoria para la delegación de los Países Bajos, puesto que un miembro de su equipo no formaba parte de aquel estado. Entonces no se entregaban medallas y los descendientes de Brandt y Klein recibirían el reconocimiento olímpico con una pequeña figura. Pero nadie preguntó a aquel niño por su nombre, edad o cualquier referencia para identificarle y reconocer su triunfo. Más de cien años después de que ocurierra el suceso, todavía se desconoce quién fue el campeón olímpico (posiblemente) más joven de toda la historia.