Diario de León

LONDRES 2012 | HISTORIAS olímpicAs

Un cromosoma de más

La presión mundial y un chequeo médico quitaron a Klobukowska sus marcas y medallas al cuestionar su femineidad décadas antes de que diera a luz .

Klobukowska durante una competición en 1964.

Klobukowska durante una competición en 1964.

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javier bragado | madrid
León

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En los Juegos Olímpicos de 1964 algunos testigos recuerdan una magnífica remontada de la última posta del 4x100 de Polonia. La poderosa Ewa Klobukowska recuperó ocho metros de desventaja sobre la estadounidense McGuire, la ganadora del 200, y confirmó el éxito del país entonces comunista sobre el equipo más potente del campeonato.

Sin embargo, el único oro de la carrera de la joven de Varsovia le duró solo dos años. En 1967 un reconocimiento médico a cargo de tres médicos húngaros y tres soviéticos estableció que «había un cromosoma de más». Los doctores incapacitaron a Klobukowska para competir como mujer por aquella prueba de género e instaron a la Federación Internacional de Atletismo a que la descalificaran. La primera versión oficial para su ausencia de las competiciones fue una lesión y finalmente optó por la retirada. Se le reclamaron de inmediato su plusmarca mundial (corrió los 100 metros en 11,1 segundos en 1965), sus medallas olímpicas (bronce en los 100 metros de Tokio y oro en los relevos en 1964) y perdió su prestigio.

Aquella atleta que había conquistado su éxito en las pistas de atletismo lo perdía después en una sala médica.

Las sospechas de que no era una mujer se habían multiplicado por una fotografía de ‘Time’ en aquellos Juegos y por los comentarios de los médicos de «femineidad insuficiente». Sin embargo, aquella decisión nunca se cerró completamente. Algunos especialistas recuperaron su caso posteriormente. Según John S. Fox, asesor de la British Amateur Athletic Board, observaron características de genitales masculinos. Otros críticos fijaron su suspensión en un mosaico cromosómico e incluso la investigadora Elizabeth A. Ferris señaló que «fue consciente y había tomado las medidas quirúrgicas y médicas para corregir» su condición masculina.

Sin embargo, las pruebas nunca dieron una respuesta definitiva ya que Klobukowska se trató con hormonas femeninas con sus correspondientes alteraciones. Algunos testigos de la época señalaron que a pesar del visible pecho plano se movía con rasgos femeninos. En 1984 la investigadora Alison Turnbull descubrió otra fotografía en la que «su brazos extendidos acentuaban su esbeltez (femenina)» y defendió que había sido víctima de un error en los chequeos por la presión de otras potencias del deporte.

De hecho, la propia revista ‘Time’ recordó el año de la suspensión que había pasado exámenes previos «sin ninguna razón para evitarlos».

El caso es que Klobukowska regresó sola a Polonia, lejos de los reconocimientos de su coetánea Irena Szewinska, auténtica leyenda del país.

Ewa rehizo su vida, se casó y dio a luz un hijo, pero hasta 1999 el Comité Olímpico Internacional no restableció sus marcas, su récord del mundo en 4x100 de la época y sus dos medallas. Desde entonces Klobukowska ha permanecido discreta y solo en 2011 recibió la Cruz de Oficial de la Orden del Renacimiento de Polonia. Las brumas y medias certezas se disiparon para una deportista que entró en la historia olímpica como la primera descalificada por no pasar un test de género al mismo tiempo que conservaba sus medallas y plusmarcas.

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