supercopa de españa | El Bernabéu decide para el Madrid
El Madrid supercampeón (2-1)
El baño blanco de la primera parte no tuvo continuidad en la segunda porque los locales contra 10 durante más de una hora se quedaron sin aire ante el orgullo y la calidad de un Barcelona que jamás se rindió.
Pudo dejar sentenciado el Real Madrid el título en el primer tiempo, pero perdonó, y cuando se quedó sin aire, estuvo acogotado frente a un Barcelona que sacó a relucir su calidad y orgullo (2-1). De la valentía se pasó al pánico.
Valdés, el mismo que regaló media Supercopa en la ida, salvó a su equipo de una goleada, pero fue quien permitió que el Barça tuviese esperanzas hasta el final. Y Casillas, otra vez inmenso, se encargó de fulminar a los azulgrana. Y Messi falló la última ocasión de una Supercopa vibrante.
Aunque el equipo azulgrana arrancó como siempre, autoritario y pegado al balón, el gol de Higuaín, poco después de fallar un mano a mano ante Valdés, revitalizó al Real Madrid y provocó un giro radical en un partido en el que los blancos retrataron a una defensa a la que no se le recordaba un desconcierto tal desde hace más de cuatro años. Con los mejores, con atrevimiento, con la actitud y la fuerza psicológica que deseaba Mourinho, y con los mejores sobre el campo. Sin sistemas ultradefensivos ni actuando a merced del Barcelona, como otras veces ha hecho ‘Mou’. Jugándole de tú a tú a un Barcelona que se quedó a última hora sin Alves por lesión y que sufrió y fue desbordado como nunca.
La defensa culé, mal
Dos graves errores defensivos, de Mascherano y Piqué, en solo ocho minutos, hundieron al Barça, y la expulsión de Adriano por placar a Cristiano acabaron por sepultarle. El golazo de falta de Messi, ¡en el primer disparo a puerta de los azulgrana!, le permitió al Barcelona mantenerse con vida, pero con 10 en el campo el equipo de Tito no tuvo opciones. Mourinho siempre se quejaba de que contra el Barça era imposible que su equipo acabase con once en el campo, pero Adriano se ganó la roja y el defensor del título vivió así un suplicio. El Real Madrid marcó ‘solo’ dos goles, pero pudieron ser perfectamente tres más si no llega a ser por Valdés, que salvó a su equipo. Cuando el Barça estaba acogotado, otro lanzamiento desde el propio campo lo recogió con una espuela impresionante Cristiano y el crack se la clavó a Valdés.
El Bernabéu se frotaba los ojos ante la tremenda superioridad de su equipo, su velocidad y su precisión. Y, sobre todo, porque con una exhibición, consiguió mandar siempre y dejar sin la pelota al Barcelona, perdido sin la posesión, lento como nunca y sin enlazar una sola jugada.
Se tomó un respiro el Madrid, ya desde los últimos minutos de la primera parte, y en cuanto el Barça volvió a recuperar el balón, aquello sí que se puso verdaderamente serio. La tregua blanca duró demasiado. El Barcelona dio un paso adelante y echó para atrás a los de Mourinho. Al Madrid le entró entonces el miedo, y el gol del título lo tuvo Pedro a falta media hora. El héroe volvió a ser Casillas, que poco después volvió a aparecer ante el extremo canario para desbaratar otra. Con el balón, jugando sereno al fútbol, a pesar del jugadón de Khedira que destrozó, otra vez, Valdés, el Barcelona volvió a poner las cosas en su sitio, pero le faltó remate para impedir el éxito del Madrid, que se hinchó al final a achicar balones.
Cristiano y Messi no fallan
El último ‘Clásico’, que finalizó con victoria del Real Madridsobre el Barcelona y con el título de la Supercopa de España para las vitrinas blancas, mostró de nuevo la rivalidad entre el argentino Leo Messi y el portugués Cristiano Ronaldo, que no faltaron a su habitual cita con el gol.
El ‘Clásico’ entre Real Madrid y Barcelona volvió a dejar patente, resultados aparte, que los grandes jugadores siempre aparecen en las citas más importantes. De nuevo, el ejemplo se pudo ver en el estadio Santiago Bernabéu, donde el argentino Leo Messi y el portugués Cristiano Ronaldo volvieron a erigirse en figuras decisivas de sus respectivos equipos.
Después de un inicio de temporada un tanto flojo, con solo un tanto en tres partidos, Cristiano reapareció en el momento justo, cuando más le necesitaba su equipo. Desde el primer minuto se le vio metido en el partido, sabedor de que esta podía ser una noche especial. Pidió el balón, se asoció, buscó con ahínco la meta rival y su premio llegó a los 19 minutos con el segundo tanto de su equipo.
Su gesto de rabia le delataba tras marcar. Se quedó parado, elevó los brazos y se golpeó varias veces el pecho en señal de rabia contenida. Quinto gol en cinco clásicos consecutivos y octavo gol en sus quince enfrentamientos ante el FC Barcelona. Estadísticas demoledoras del portugués. Messi tampoco defraudó.