BALONMANO. QATAR TIENTA AL TALENTO EUROPEO
Goñi, goles para los jeques
El lateral del Ademar ha quedado subcampeón de liga con su equipo, el Al Qiyadah. «Como experiencia, jugar en Qatar está bien, pero en cuanto acabe mi contrato en mayo me vuelvo para . Europa» .

El lateral navarro valora su experiencia pero quiere seguir jugando al balonmano en Europa.
La decisión de Iñaki Urdangarín de aceptar la oferta de Valero Rivera para ser su ayudante en la selección de balonmano de Qatar ha puesto en el planeta balonmano a este pequeño emirato de Oriente Medio de apenas dos millones de habitantes y una riqueza descomunal por sus enormes reservas de petróleo y gas. Es precisamente esa abundancia de petrodólares lo que les está permitiendo captar a muchos talentos del balonmano europeo como el islandés Stefansson, el danés Markussen o más recientemente el lateral del Ademar, Iosu Goñi, que hace algunas semanas decidió aceptar la oferta de un equipo de nueva creación, el Al Qiyadah, para jugar allí hasta final de temporada. Su marcha le reportó a él un contrato suculento por apenas dos meses de competición y al club leonés una compensación de 25.000 euros.
Realmente el Al Qiyadah, el equipo del ejército, le fichó para pelearle la liga al Lekhwiya, la escuadra de la policía. Y a punto estuvieron de conseguirlo. En el último y decisivo partido disputado hace unos días el lateral navarro del Ademar hizo ocho goles pero su equipo no pudo pasar del empate (32-32) y el título de liga fue a parar a las vitrinas del Lekhwiya. «Después de ese partido estamos de vacaciones, tenemos ahora dos o tres semanas de descanso, y luego vamos a jugar otro torneo a finales de mayo entre los ocho primeros clasificados de la liga y luego volverá ya para casa», apunta desde Doha, la capital qatarí, Goñi que junto a un esloveno, un bosnio y un serbio forma el cuarteto de extranjeros europeos de este equipo.
En Doha es donde hace toda su vida, tanto la social como la deportiva. Vive allí en un hotel junto a otros compañeros y todos los encuentros de la competición liguera se juegan en la capital, en un mismo pabellón. «Es algo curioso —reconoce— porque no existen partidos fuera o en casa todos son el mismo sitio». Y nada que ver con lo que es habitual en León. «La verdad es que no hay mucha afición y tampoco suele ir mucha gente. Aunque en el último partido, el de la final, fueron algo más de 1.500 personas y eso allí es una muy buena entrada. En eso se nota mucha diferencia con León».
Ahora, con tres semanas de parón por delante, reconoce que en ocasiones las horas se le echan encima al no estar acostumbrado a tanta inactividad. «Entrenamos poco, dos o tres días y sólo por la mañana haciendo algo de baloncesto o de futbito. Algunos días lo hago un poco por mi cuenta, salgo a correr o nado en la piscina del hotel», explica.
Un hotel que ahora es su casa y donde vive junto a uno de sus compañeros, el meta esloveno, Gregor Lorger, que conoce el español por haber jugado en el Valladolid y en el Logroño. «Lleva allí casi medio año junto con su mujer que también sabe español. Me ha ayudado bastante en el día a día de estar aquí», reconoció.