Diario de León

Aurelia Alonso repasa sus 105 años de vida

La astorgana Aurelia Alonso Alonso rememora una vida plena consagrada al campo, a los viajes por el mundo, al cuidado de su familia, y a la administración de su casa, en la que mandaba más que nadie

Aurelia Alonso Alonso en su residencia de Astorga.

Aurelia Alonso Alonso en su residencia de Astorga.angelópez 

Claudia Melcon
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León

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Aurelia Alonso Alonso cumplirá 105 años el próximo 13 de septiembre. Aurelia rememora más de un siglo de vida marcado por la tierra fértil adherida a las manos, el cuidado de los caballos, el sudor que cuesta una buena labranza, un espíritu viajero incansable y la satisfacción de haber sido una matriarca digna para su familia. Su prima carnal y ahijada, Aurelia Ramos Alonso le pregunta «¿Quién era la que mandaba en casa, Aurelia?» y ella le contesta con orgullo y sin dudar «Yo, después de faltar mi madre». La madre de Aurelia murió cuando ella era solo una niña, con trece años, pero conservó a su padre durante muchos más años.

Su longevidad se debe muy probablemente a una alimentación saludable, recompensa de toda una vida ligada a la agricultura: lechuga, tomate, pimiento, remolacha, patatas, garbanzos, y habas son los productos que Aurelia consumía en su día a día, pero ella afirma que la joya de su alimentación eran los garbanzos, ya que los comía siempre. A golpe de azada, Aurelia trabajaba muy duro para alimentar a su familia y a sus animales: «Reservábamos un poco a las caballerías y otro poco para nosotras. Teníamos cerdos, gallinas, pollos, conejos. Teníamos de todo», dice Aurelia. Una de las hermana de Aurelia era la amazona de la familia, ya que subía a lomos de su caballo y cabalgaba con él. Eran cinco hermanos, pero, por desgracia, Aurelia es la única que sigue viva.

Aurelia era la dueña y señora de la casa que compartía con su familia en la astorgana Calle de Oliegos, cerca del colegio de las Escolapias. Las dos primas comparten abuela, la madre del padre de esta centenaria. Su abuela dio a luz a doce hijos.

Además de una labradora excepcional, Aurelia ha sido toda una trotamundos, ya que ha hecho muchas excursiones turísticas. La centenaria recuerda con especial cariño su viaje a Italia. Junto a su tocaya, llegó a la Ciudad Eterna, Roma, y las dos primas se codearon nada más y nada menos que con el embajador, con el que comieron y se tomaron una fotografía. Cuando se jubiló, Aurelia cambió la azada por la maleta y viajó mucho junto a sus hermanos, una actividad que siempre he ha encantado.

Aurelia vivió la Guerra Civil y a Manolo, el tío de las dos primas luchó en la contienda en Madrid y la familia esperó expectante y nerviosa hasta que siete años pudieron saber algo de él. Manolo trabajaba de pescadero en Astorga y lo acabaron reclutando para la guerra. De la noche a la mañana, Aurelia tuvo que ver cómo Astorga se llenó de caos y de militares y recuerda con mucha pena lo mal que lo pasaron ella y su familia.

Desafió las expectativas de la época no solo por liderar un hogar, sino también porque nunca tuvo ni marido ni descendencia. Ninguno de sus hermanos se casó ni tuvo hijos. Aunque no tenga hijos, Aurelia recibe las visitas de sus cuatro primos carnales: tres residen en León y uno en Mérida. Pero especialmente, vive bajo la atenta mirada de su querida prima y ahijada Aurelia, y de su prima segunda, la hija de su ahijada, y se preocupan de que nunca esté sola. Así. se revierten los papeles denotro de un ciclo vital precioso: la madrina que cuidó a su ahijada ahora es cuidada por su protegida. Lamentablemente, Aurelia tuvo que lamentar la pérdida de su otro ahijado hace tres meses, también primo carnal, que vivía en Cabo Verde, y al quería muchísimo.

Aurelia llega al ocaso de su vida con 105 años más que aprovechados. En su residencia, contempla la Catedral y el Palacio Episcopal de Astorga desde la ventana, ciudad que ha visto cambiar, pero que también la ha visto nacer y cambiar a ella.

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