Diario de León

El estreno del contenedor marrón fracasa en León con toda la basura arrojada al vaso común

- Los 2.000 kilos recogidos a la semana en el plan piloto no sirven para compost o biogás

- La falta de conocimiento lastra el nuevo recipiente, al que ahora tendrán que poner la cerradura electrónica

Uno de los apenas cien contenedores del plan piloto.

Uno de los apenas cien contenedores del plan piloto.virginia morán

Álvaro Caballero
León

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Tarde y mal, la implantación del contenedor marrón por parte del Ayuntamiento no encuentra su sitio en León. La aparición de apenas un centenar de recipientes plantados de pronto en media docena de zonas de la ciudad hace dos semanas, con un retraso de más de dos años y medio de acuerdo a la fecha marcada por ley, sin que la mayoría de los ciudadanos conozcan dónde encaja el nuevo color dentro del puzle del reciclaje, ni qué deben tirar ahí, se salda por ahora con fracaso. Los cerca de 2.000 kilos semanales que se han recogido en este estreno han terminado en la tolva de la basura común del Centro de Tratamiento de Residuos (CTR) provincial de San Román de la Vega, sin cumplir con su destino de generar compost o transformarse en biogás.

El fiasco se alimenta con la estrategia planificada por los responsables del servicio de limpieza y recogida de basura del Ayuntamiento de la capital leonesa. En pleno verano, la campaña, ilustrada con el eslogan «Elige marrón, dale futuro a León», no ha conseguido calar ni siquiera en el vecindario de las zonas piloto elegidas. La inmensa mayoría de los vecinos se encuentran con un nuevo recipiente, separado en muchos de los emplazamientos de las islas en las que se agrupan el resto, y lo utilizan como si fuera el destinado para la basura genérica.

Sin apenas información, las bolsas que caen dentro no cumplen para nada con los parámetros de selección de la fracción orgánica, en la que entran fruta y verdura, sobras de carne y pescado, cáscaras de huevo, café, productos vegetales, papel de cocina, infusiones o pan, sino que se mezclan con otros desechos como pañales, compresas, chicles, ceniza, colillas, polvo, bolsas de aspirador, objetos de cerámica. «Casi el 40% de los residuos del hogar son restos orgánicos. Separarlos correctamente permite convertirlos en un nuevo recurso», como se expone la publicidad del consistorio, cuyo servicio municipal encargado arrastra un historial de errores vinculados a la implantación del contenedor marrón.

Al descontrol contribuye la desastrosa gestión seguida para su puesta en funcionamiento. Los contenedores marrones que se han colocado en las calles están a medias. Los recipientes están acopiados desde el verano pasado en la campa del servicio municipal de limpieza, en la carretera de Vilecha, pero hasta el viernes de la semana pasada no se desbloqueó de manera definitiva el contrato, con un presupuesto de 911.809,66 euros, para la colocación de las cerraduras de apertura electrónica que ayudarán a que se controlen de una manera más adecuada los vertidos que se arrojan dentro. Los ciudadanos tendrán que contar con una tarjeta para poder abrirlos y, al menos, garantizará que conocen cómo se separa bien para lograr el compost.

Hace más de dos años y medio que debían estar puestos, lo que ya ha penalizado económicamente al consistorio

Pero, en su ausencia, el Ayuntamiento ha decidido ponerlos en la calle, pese a que ya llega tarde para justificar ante la UE la subvención que le había concedido para la compra de los 750 contenedores marrones. Las condiciones de la ayuda marcaban que el consistorio tenía que ponerlos en la calle antes del 1 de enero de este año. No lo hizo. Sin poder justificar que ha cumplido, el consistorio tiene que poner de sus recursos propios los 738.000 euros comprometidos, correspondientes al 70% de la factura total de 1.062.985 euros.

El coste adicional para las arcas municipales se suma a las penalizaciones a las que ya ha tenido que hacer frente estos últimos años. La Ley de residuos y suelos contaminados para una economía circular obligaba a los ayuntamientos como León a tener que poner en funcionamiento el contenedor marrón en enero de 2024. Si no lo hacía, debía afrontar el pago por las toneladas de basura entregadas al CTR provincial sin reciclar esta fracción orgánica del contenedor marrón. La cuenta hace que el consistorio haya tenido que consignar un extra de cerca de 800.000 euros anuales, que eleva por encima de los 5 millones de euros la factura con la que saldar su participación en las instalaciones de San Román de la Vega.

Ahí deben terminar los restos de la fracción orgánica que recogen los servicios municipales, almacenan en las instalaciones de Vilecha y luego pasan a trasladar los operarios del CTR. El consistorio promovió una planta de pretratamiento propia dentro de sus dependencias, con un coste de 1,7 millones, de los que 1.022.019,7 euros provenían de la UE y 612.429,81 euros salían de recursos propios. Tuvo que renunciar a ella, entre su falta de fondos y la denuncia de los operarios del centro provincial por la existencia de un presunto fraude de ley por la duplicidad de subvenciones para el mismo fin. El despropósito contenedor marrón sigue.

De pronto, mal y a medias

Los contenedores marrones aparecieron el 17 de agosto «en las zonas del paseo de Salamanca, plaza del Huevo, entorno de la iglesia de La Vega, Carlos Pinilla y calles adyacentes o San Ignacio de Loyola y bocacalles, entre otras», como anunció el consistorio apenas tres días antes en una comunicación que avisaba de que tenía que tirarse esta basura «de 19.30 a 21.30 horas». Su presencia, a mayores de los azules, verdes, amarillos y grises, se «irá desplegando de forma progresiva al resto de zonas de la ciudad», como reseñaron desde el consistorio, que apuntó que «el siguiente paso» se centra en «adaptarla a la recogida neumática, de lo que se dará información a la ciudadanía llegado el momento para que puedan ir adaptando sus hábitos a este nuevo sistema».? Antes de continuar, tendran que colocar las cerraduras electrónicas recién adquiridas a los 650 que quedan acopiados en las instalaciones municipales, así como al centenar ya esparcido por el callejero.
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