A Cadenas le cantan el himno a ‘capella’
La afición leonesa convierte el intrascendente España-Suiza en un festival de vítores con el Ademar como fondo.

ramiro
El Palacio, volcado y puesto en pie, honró a los campeones del mundo y, sobre todo, al balonmano español, con un festival de vítores que, acompañados por esa orquesta improvisada de tambores y trompetas, convirtieron un partido intrascendente en una auténtica fiesta, donde las banderas volaban entre un graderío satisfecho por ver en el banquillo del combinado nacional a uno de los suyos.
Cuando el nombre de Manolo Cadenas sonó por la megafonía, las cerca de 4.000 personas que abarrotaban las gradas, saltaron de sus asientos para acorralar al técnico en sus propias emociones, que parecieron desbordarse con la prórroga de un aplauso sostenido que sonó a un ‘Hasta luego, Manolo’.
Para él fue la ovación más profunda, compartida por todos los asistentes, que significaron la presencia de cada uno de los hispanos, sobre todo la de los que otrora, en ese pasado glorioso, pasearon la camiseta del Ademar por toda Europa, con una mención especial para Juanín García, aclamado por la parroquia marista siempre que vuelve a pisar el parqué de su casa. Hubo quórum con cada uno de ellos. Y algunos, como Juan Andreu o Antonio García, reconocieron que el cariño brindado por la afición leonesa les causa un cosquilleo especial.
De hecho, el pabellón municipal fue un hervidero constante de cánticos. Había que dar el do de pecho, y vaya si lo dieron, sobre todo cuando debía sonar el himno nacional, que cantaron a capella 4.000 gargantas para evitar la pifia de la jornada. El de Suiza llegó desde la megafonía sin problemas, nítido, pero el de España sonó como un disco rayado y obligó a la parroquia leonesa a tararearlo ante la mirada de circunstancia de los jugadores y el staff técnico, que no sabían si mantener la compostura o hacer los coros.
Una cara parecida puso el alcalde Emilio Gutiérrez cuando escuchó la sonora pitada que le propinó la grada cuando saltó a la cancha para coger una placa de la Federación. Nada que ver con el final del encuentro. Prácticamente todo el pabellón permanecía en su sitio para aplaudir a Manolo Cadenas, que recibió, de parte de SOS Ademar, una camiseta firmada por toda la plantilla marista. La levantó hacia el cielo. Y puso rumbo a Polonia, !Hasta luego, Manolo!.