Diario de León

MUNDIAl DE BRASIL

El gran dilema de Vicente del Bosque

El seleccionador español medita sin descanso sobre los cambios en el once titular que podrían revitalizar a La Roja de cara a su decisivo partido frente a la Chile de Alexis y Vidal.

El entrenador de la selección Vicente del Bosque dirige un entrenamiento en Curitiba.

El entrenador de la selección Vicente del Bosque dirige un entrenamiento en Curitiba.

Publicado por
Jon Agiriano | Curitiba
León

Creado:

Actualizado:

Disimulando como mejor pudo su disgusto, Vicente del Bosque dio el sábado en Curitiba una lección de saber perder que debería ser material lectivo en los colegios españoles. Caballero en la victoria, el seleccionador volvió a demostrar que también lo es en la derrota, incluso cuando ésta resulta humillante. La deportividad con la que encajó el 5-1 tuvo, además, un efecto revitalizador: era el primer paso obligado para que su equipo pudiera levantarse de la lona.

Frente al trauma, en fin, buena cara y mensajes de confianza y optimismo en dosis crecientes según vaya acercándose el partido ante Chile en Maracaná. Nada de hurgar en las heridas y agriar el ambiente de la selección hasta convertirlo en un polvorín y en una caza de brujas, como sucedía en los viejos tiempos de los que no hay nostalgia. Esta demostración de talante no es una estrategia populista para eludir sus responsabilidades ni tampoco alivia el gran dilema que se le ha planteado a Vicente del Bosque. Hay algo evidente, un diagnóstico general, de que el equipo necesita un meneo si no quiere despedirse de Brasil en esta primera ronda, al estilo de lo que les sucedió a otras selecciones campeonas del mundo como Francia en Corea y Japón o Italia en Sudáfrica. Ahora bien, compartido el diagnóstico, la duda reside en el tratamiento. ¿Cómo hacerlo? Porque, si fuera por lo visto ante Holanda, donde falló hasta el apuntador, habría que cambiar el once de arriba a abajo, o a más de medio equipo. Y eso sería una estupidez que sólo revelaría debilidad y, probablemente, provocaría la ruina definitiva de la Roja en este torneo. Una de las grandes obsesiones de los entrenadores es el equilibrio, que en el fútbol quiere decir armonía y un grado exacto de compensación de los pesos, las medidas y los valores sobre los que se asienta un equipo.

Desde el sentido común, Del Bosque sabe que tiene que cambiar algunas cosas, pero que debe hacerlo de una forma equilibrada, sin grandes estridencias ni revolcones traumáticos, que no dejan de ser el desahogo habitual de quienes conciben el fútbol como un juego de pases entre el altar y la guillotina. Son las grandes derrotas las que examinan la consistencia de las convicciones y, si algo tiene claro el seleccionador, es que no va a renunciar a las suyas. Al fin y al cabo, son las que han hecho posible esta época triunfal de la selección. De hacerlo, además, enviaría un mensaje de desconfianza que podría ser el tiro de gracia para su equipo.

En su rueda de prensa del sábado, el técnico salmantino puso mucho empeño en aclarar que con los cambios que introduzca ante Chile no va a señalar a nadie. Esta percepción, sin embargo, es imposible evitarla.

Ya se vio en el Mundial de Sudáfrica, donde David Silva salió del once tras la derrota ante Suiza y, a partir de ese momento, quedó señalado como el jugador que había pagado los platos rotos. Y, diga lo que diga en la sala de prensa, Vicente del Bosque sabe muy bien que esto volverá a ocurrir. De ahí que se le haga tan complicado el señalamiento de unos futbolistas con los que ha establecido unos lazos de complicidad muy estrechos en estos años de triunfos. Hablamos, además, de unos jugadores que no son unos cualquiera sino figuras ya legendarias de este deporte, tan grandes que ya se les echa de menos aunque todavía no se hayan ido, tan grandes que no es que tengan el puesto en propiedad, como critican algunos simples, sino que se han ganado el derecho a perderlo en el campo.

tracking