MUNDIAl DE BRASIL
La terapia del orgullo
Obsesionados con resarcirse de la humillante derrota ante Holanda y de mantener su reputación a los ojos del mundo, los jugadores españoles llevan días fortaleciendo su espíritu de grupo.
Del Bosque y Casillas conversan en un entrenamiento sobre los errores cometidos ante Holanda.
Frente a las críticas y el desánimo, los jugadores de la selección española han reaccionado uniéndose en torno a un sentimiento común del que muy pocos pueden disfrutar: el orgullo de los campeones. Iker Casillas fue el primero en alentarlo. Lo hizo en el mismo vestuario del estadio Fonte Nova, en medio de un silencio que Vicente del Bosque calificó el sábado de «solemne», primero pidiendo perdón por los errores que había cometido durante el partido y después recordando a sus compañeros quiénes eran y lo que millones de personas esperaban de ellos.
Al día siguiente, todavía bajo los efectos de una resaca histórica, la franqueza de Sergio Ramos y luego el mensaje cabal del seleccionador hicieron el resto. Ya estaba puesta la primera piedra para que el equipo comenzara a rearmarse de moral tras la humillación sufrida. La terapia del orgullo ha seguido aplicándose estos días y continuará hasta que los jugadores salten al campo en Maracaná a jugarse la vida contra Chile. «Lo que sucedió ante Holanda ha reforzado los lazos del grupo. A veces la adversidad tiene cosas positivas», comentaba este lunes a este periodista un miembro de la federación presente en Curitiba. Los propios jugadores lo han reconocido. «Me siento más orgulloso que nunca de pertenecer a este grupo. Hemos permanecido unidos en los momentos buenos y malos, creyendo en nuestra idea, creyendo en nuestro fútbol», aseguró Juan Mata en la sala de prensa.
Y no es que, antes del batacazo en Salvador de Bahía, la selección española fuera un equipo disgregado de estrellas egoístas, aunque es cierto que algunas relaciones en otro tiempo íntimas se han enfriado.
España estaba muy lejos de ser la Francia del Mundial de Corea y Japón, por decir algo. Ahora bien, probablemente sí que necesitaba un refuerzo de su mentalidad colectiva, una vuelta de tuerca más en su espíritu de grupo. Porque, se quiera o no, estos jugadores ya no son los mismos que hace cuatro años viajaron a Sudáfrica a comerse el mundo. Hay otro aspecto que está teniendo mucha influencia a la hora de reactivar la confianza y afilar la mentalidad competitiva de ‘La Roja’, a la que el domingo se incorporó Ángel María Villar. Nos referimos a la necesidad de mantener la reputación. Dicho así puede sonar un poco antiguo, propio de una época de duelos con padrinos al amanecer, pero se trata de un sentimiento todavía vigente. Un equipo como la selección española, que ya está entre los más grandes de la historia del fútbol y tiene asegurada su eternidad en la memoria de todos los aficionados, no puede despedirse haciendo el ridículo.