Publicado por
Aitor Álvarez
León

Creado:

Actualizado:

La Roja dijo el miércoles adiós al Mundial frente a la otra Roja. Los chilenos se pasearon por Maracaná para despedir a los españoles del sueño del bicampeonato mundial.

El estadio fue un hervidero de chilenos. Ganaron por goleada a los españoles en número y en ruido. La reventa batió récords y las pocas entradas que quedaban se vendían a unos mil euros cada una. Algunos aficionados de Chile, ante el desespero de no poder entrar, se colaron en la sala de prensa del Maracaná para intentar acceder a los asientos. Evidentemente, no lo consiguieron. Hubo 85 detenidos y las autoridades les dieron 72 horas para que abandonen el país.

Aún así, ese fue un incidente aislado y el comportamiento de los chilenos fue ejemplar. Desde la tribuna de prensa se podían escuchar cánticos constantes de la hinchada, que estaba eufórica. Le estaban ganando al campeón del mundo en el epicentro del fútbol del planeta. «¡Chi, chi, chi, le, le, le, viva Chile!» fue el lema más repetido, que se combinó con varios «olé» ante los pases de Alexis y compañía. También hubo tiempo para hacer sangre con la selección española, al grito de «eliminados, eliminados».

La debacle de la selección ha coincidido con el deterioro del Barça en los últimos años. Así lo comenté en una entrevista que el programa World Sport de la televisión CNN Internacional me hizo en el post partido, para analizar la derrota de España. Desde su plató con vistas al Maracaná me preguntaron si los periodistas españoles que estamos cubriendo el Mundial esperábamos este desastre. Respondí que no, que sabíamos que sería difícil, porque el grupo B es el más complicado y los jugadores son más viejos que hace cuatro años. Per aún así esperábamos que La Roja, la europea, llegase lejos en la competición.

Cargando contenidos...

Me pidieron argumentos para explicarlo. Mi respuesta fue la edad de los jugadores, la ausencia de renovación del combinado español y el peso que aún tienen los veteranos, sea cual sea su nivel de juego. Véase Casillas o Torres. Y, evidentemente, la Barça-dependencia.