Diario de León

BALONMANO

Y el Palacio volvió a vibrar

El Abanca Ademar se lleva por delante al Puente Genil en una gran segunda parte que puso en pie a los aficionados

El pivote gallego, Diego Piñeiro, fundamental ayer en el triunfo leonés ante el Puente Genil, celebra uno de los seis goles que marcó sin fallo

El pivote gallego, Diego Piñeiro, fundamental ayer en el triunfo leonés ante el Puente Genil, celebra uno de los seis goles que marcó sin fallo

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GEORGINO FERNÁNDEZ | LEÓN
León

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El Abanca Ademar escenificó ayer el viejo mito literario del Dr Jekyll y Mr Hyde. La alegoría de las dos fuerzas opuestas, lo malo y lo bueno. La calma y la tempestad. Una dualidad que mostró el conjunto leonés en los dos tiempos del partido que le enfrentó al Puente Genil. En los primeros treinta minutos fue un equipo nervioso, previsible, impreciso, con muchas dudas y con una defensa llena de vías de agua. El resultado lo dice todo: 16-17 al descanso ante un Puente Genil que salvo Rafa Baena y Chispi Vázquez tiene pocos argumentos más. De forma prácticamente invariable cada ataque andaluz acababa en la red leonesa. Baena y Vázquez hicieron 17 de los 29 goles de los andaluces. El 6-0 defensivo con el brasileño Almeida no funciona. Por desgracia por enésima vez.

En la segunda, sin embargo, fue otro Ademar bien distinto. Con el convencimiento de que con los esquemas habituales no había luz al final del túnel se apostó por explorar otras vías. Y ahí el técnico Dani Gordo dio con la tecla. Con un equipo de ‘pequeñitos’ con Molina en el central, en el lateral el canterano Rodrigo (un jugador que encandila a la grada por su entrega), Sergio Mellado haciendo un trabajo enorme como adelantado en el cambio a defensa 5-1 (la gran clave del encuentro) y el noruego Thomas Kristensen machacando a la contra desde el extremo, el equipo leonés sacó a relucir su versión más excelsa. Firmó los mejores minutos de la temporada y permitió que la grada por fin disfrutase cantando y aplaudiendo en los instantes finales. Felices por un triunfo solvente al viejo estilo. Algo que hasta ahora no había sucedido en la liga.

Realmente la victoria de ayer fue una obra coral de un grupo comprometido donde los protagonistas trabajaron y sudaron en beneficio del equipo. Aguirrezabalaga, por ejemplo, no brilló en ataque pero se vació en labores defensivas. El pivote Piñeiro, magnífico en ataque, también se puso el mono de trabajo cuando hubo que fajarse atrás. Y por supuesto un Sergio Mellado que con su incansable brega en el adelantado con la defensa en 5-1 oscureció por completo el ataque del Puente Genil. Los 17goles que encajó el equipo leonés en la primera mitad fueron doce en la segunda; una cifra mucho más razonable en la que también tuvo bastante que ver el acierto de Llamazares bajo los palos.

Con todo, el equipo leonés tardó cuarenta minutos en ponerse por delante por primera vez. Ese tiempo fue el que tardó en cogerle el pulso al choque y demostrar que jugaba en casa. Fue precisamente un gol de Mellado desde el extremo el que empezó a cambiar por completo el guión del partido. Como ya había hecho en la primera a los pocos minutos Dani Gordo cuando empezó a ver el horizonte plagado de nubarrones negros, el técnico rival, Fernando Barbeito, pidió un tiempo muerto para intentar un golpe de timón.

Pero no le sirvió. El Ademar elabora cada ataque. No le vale otra. Concentración y esfuerzo colectivo. La ventaja crece al ritmo que marca Piñeiro en el pivote, los penaltis que transforma Carrillo y las contras que finaliza Kristensen. Por fin un partido para pasarlo bien al final.

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