FÚTBOL. PRIMERA DIVISIÓN

Neymar paga un peaje muy caro

w Al brasileño le acusan de humillar al rival y no valoran su fútbol vertiginoso .

Neymar, junto al defensa del Athletic de Bilbao Eneko Bóveda, en una imagen de archivo. alejandro garcía

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León

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p. ríos | barcelona

Desde que Neymar ha irrumpido en el fútbol español se entienden más los motivos por los que el regateador puro había casi desaparecido de este deporte tras agonizar durante años como especie en peligro de extinción. El brasileño no acaba un partido con el Barça sin que se hable más de sus supuestos desplantes a los rivales o de sus teóricos intentos de humillación que de su fútbol vertiginoso, atractivo y espectacular.

Es un jugador que emplea todos sus recursos técnicos para intentar escapar de sus marcadores, un delantero que nunca rehuye el desafío de superar mediante un ‘dribling’ al defensa cuando está acorralado, ya sea pisando el balón, cambiarlo de pierna, con un eslalon, un túnel, un sombrero o un regate todavía por inventar fruto de su improvisación. Pero, sorpresa, parece que esas son malas artes en la visión actual del fútbol, que parece valorar más la potencia del autopase en carrera de otros cracks mundiales como Cristiano Ronaldo o Bale.

Barragán fue el último en sufrir el amplísimo repertorio de desbordes de Neymar en la ida de la semifinal de la Copa del Rey en la que el Barça goleó 7-0 al Valencia. Eso sí fue una humillación, el resultado, pero volvieron a cargarse las tintas en contra del brasileño por recrearse, quizás en exceso, en retar al lateral en el uno contra uno con el marcador muy favorable. También le han criticado por lanzar un penalti con 3-0 sin coger carrerilla. No se ha tenido en cuenta que Barragán le empujara lejos del césped en una de las primeras acciones del partido, provocando que cayera más allá de la hierba, golpeándose con el cemento y teniendo que ser atendido. Neymar responde con regates a los golpes. Tampoco se ha valorado que esta temporarada ya lanzara varios penaltis a pie parado con desigual fortuna, a veces con el marcador ajustado y otras no. Es su fútbol, como dice Luis Enrique, su forma de concebirlo. Y tras dos años y medio en el Barça ya debería haber quedado claro que más que un intento de humillación, no coger carrerilla para tirar un penalti es un riesgo que asume él y que no siempre le sale.

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