Olimpo de bronce para Lidia Valentín
La berciana se culega la medalla en Río con una marca de 257 kilos Sólo la coreana Rim y la bielorrusa Naumava mejoran el registro de toda una campeona que por fin pudo celebrar su éxito en el podio de unos Juegos.

LARRY W. SMITH
MIGUEL ÁNGEL TRANCA | LeÓN
Lidia Valentín pudo por fin saborear los sentimientos que se agolpan en la mente de un medallista olímpico. La haltera de Camponaraya ya tiene en su nómina un oro en los Juegos, aunque hace cuatro años no pudo saborearlo como debía. Por eso quería hacerlo en Río. Comprobar como unos de los peldaños en el cuadro de honor puede ofrecer tantas sensaciones de felicidad. No estaba dispuesta a dejar pasar la ocasión y cumplió con creces. La mejor demostración el bronce en la categoría de 75 kilos con una marca de 257 en el total olímpico. Y a uno de la plata que se colgaba la bielorrusa Naumava. El oro parecía abocado a la coreana Rim que no dio opción.
Superada una lesión y diez meses de trabajo duro para llegar en perfectas condiciones a Río llevaron a Lidia a conseguir su objetivo. Se sabía una de las candidatas a las medallas y desde su primera presencia en el tapiz lo dejó patente. Esperó a que buena parte de sus rivales probaran su nivel para entrar en acción en los 112 kilos en arrancada, una marca accesible que superó sin dificultad. Gran parte de otras halteras ni se habían acercado a ese registro. Apenas tres más. Pero no era suficiente para acercar su paso a las preseas. El segundo intento sobre 116 iba a ser nulo, perjudicado por el tiempo. Pero como toda campeona la de Camponaraya iba a lucir su talento en el tercero. Los 116 kilos que se le habían resistido fueron una pluma. Media medalla la tenía en el bolsillo. Porque con ese registro sólo la coreana Rim con 121 ofrecía una mejor marca.
La leonesa tenía otras tres bazas, esta vez en dos tiempos. A priori con el oro algo lejos la plata emergía con fuerza en el horizonte. Sólo la bielorrusa Naumava se presentaba como amenaza. Pero Lidia estaba en lo suyo. Primero con 135 kilos que superaba con solvencia. Su oponente pedía un kilo más. Lidia también solventó el trámite en 138. Llegaba la hora de la verdad con el tercer intento. El peso elegido por la bicampeona de Europa era de 141 kilos. Con el bronce ya sellado una vez que la ucraniana Dekha cometía nulo la opción de plata pasaba por levantar esa marca y esperar a que la bielorrusa, que pedía 142, no se saliera con la suya. La primera parte se cumplía pero la segunda no. Daba igual, el podio era una realidad para toda una campeona como la berciana. Por fin Lidia alcanzaba un sueño por el que ha estado luchando tantos años. Feliz, satisfecha y a la vez emocionada, su camino al podio, corto desde el tapiz, fue para ella irrepetible. Y con la bandera de España ondeando un éxito vestido de bronce para Lidia. La plata era para Naumava con 258 kilos y el oro para una infranqueable Sim Rim con 274.