FÚTBOL

Piqué pide el relevo

Una camiseta recortada con tijeras provoca el adiós prematuro del catalán a una selección por la que siempre luchó.

Gerard Piqué durante el partido ante Albania de clasificación del Mundial de Rusia de 2018. JUANJO MARTÍN

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León

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rodrigo errasti | madrid

Hace exactamente dos años, Gerard Piqué pidió salir voluntariamente ante los medios en Luxemburgo tras una inesperada y dolorosa derrota en Eslovaquia. El central compareció entonces, el día previo a la fiesta de la Hispanidad de 2014, a reiterar su compromiso con la selección española, puesto en duda por su participación en la Diada junto a su hijo Milan. «No he dicho nada en contra de la selección o de este país. No se puede dudar de mí, vengo aquí desde los 16 años (debutó en 2003 en un sub-15). Lo he dicho mil veces, es un orgullo jugar aquí. Irme sería darle la razón a la gente que no la merece. La otra opción, que es por la que optado, es seguir, sumar y aportar todo lo que pueda». En aquella rueda de prensa, en la que explicó de modo brillante su posición respecto al derecho a decidir de Cataluña, Piqué citó por primera vez una posible renuncia y comenzó a luchar contra una espiral mediática que le ha terminado superando. Algo que nadie esperaba, ni siquiera él mismo.

En ocasiones su carácter bromista, y especialmente su antimadridismo, le puso en más de un problema. La mayor cuando celebraba títulos y se acordaba del eterno rival. Su mención al cantante Kevin Roldán en la celebración del triplete de 2015 generó una corriente de pitos en algunos partidos de la selección en suelo español (León, Oviedo, Logroño y Alicante). Del Bosque, la Federación Española y la mayoría de sus compañeros salieron a defenderle, si bien algunos como Ramos y Carvajal le aferon su conducta tras el triunfo en Macedonia hace 13 meses.

En la Eurocopa fue uno de los principales apoyos de David de Gea cuando apareció su nombre, junto al de otros internacionales como Isco o Muniain, en un informe policial del ‘caso Universal’. No se despegó de su lado, insistió a los federativos en la idoneidad de que el meta negase relación alguna ante los medios, e incluso se ofreció a comparecer en rueda de prensa junto al portero. Horas más tarde, marcó el gol del triunfo ante Chequia para alegría de su hijo, que lucía la camiseta de España en la grada. «Es mejor que te aplaudan a que te silben. Sabía que no era fácil. No olvidaba que le habían acusado de hacer una peineta durante el himno.

Días después, en Burdeos, tras ser coreado por la hinchada presente en Niza, sí que tuvo que ejercer de bombero para apagar el incendio creado por Pedro, que lamentó su rol en el grupo. «Debéis estar aburridos, la cogéis y se hace una noticia que parece la ‘rehostia’, pero no lo es», dijo, tratando de devolver la calma a un grupo al que sí molestaron las declaraciones inoportunas del canario tras dos triunfos. En París, tras caer ante Italia, fue el más autocrítico de todos, al punto que incluso habló de estudiar variar el estilo, ya que los rivales habían tomado la medida a España.

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En Shkoder, minutos después de una foto colectiva celebrando el triunfo ante Albania, el catalán salió rápido del vestuario. Vestido de calle, sin traje oficial, se dirigió a la zona de las televisiones. Harto de vivir bajo la sospecha. Piqué dedicó tiempo a explicar una nueva polémica absurda. «Normalmente juego con camiseta de manga larga, Sergio (Ramos) también», decía.