FÚTBOL. PRIMERA DIVISIÓN
Golpe de mano a la Liga

Los jugadores del Barcelona celebran el gol de Luis Suárez que abría la goleaba de los blaugrana en el Bernaéu. KIKO HUESCA
IGNACIO TYLKO | MADRID
Al Barça le venía de perlas un empate en el Bernabéu pero ganó en cuanto se lo propuso y dio un golpe seguramente definitivo a la Liga (0-3) porque, hoy por hoy, es infinitamente mejor que un Real Madrid sin juego, sin físico, sin fe y sin una buena dirección desde el banquillo, por más que Zidane haya ganado ocho títulos de diez desde que accedió al cargo. Quedan nada menos que 21 jornadas por delante, pero 14 puntos de ventaja, aunque los blancos aún tienen pendiente el miniderbi de Butarque aplazado por el Mundialito, se antojan una diferencia insalvable. Casi tanta como los nueve de ventaja de los culés sobre el Atlético.
Fiel a su estilo, no como el timorato Zidane, que dejó a Isco todo el partido en el banquillo, y valiente al advertir que sus rivales flojeaban tras el descanso, Valverde se doctoró en un escenario donde ya ganó con el Athletic al Madrid del cuadrado mágico de Luxemburgo. Ordenó a sus hombres dar un paso adelante en el momento justo, definitivo para descoser a un Real Madrid desequlibrado en todos los aspectos. Luis Suárez acertó en un contragolpe de manual y remató la faena Messi después de un penalti por mano de Carvajal, expulsado. A partir de ahí, el Barça no hizo sangre y al Madrid no le valieron el orgullo y amor propio, valores eternos del club más laureado del mundo. Un equipo que sin acabar la primera vuelta ya ha perdido 10 puntos en su feudo, no puede aspirar a ganar la Liga. Pésimo final de un año histórico con ese repóker de títulos.
El clásico más navideño y en sesión infantil, pensado más en el Lejano Oriente que en la hinchada patria, castigó el planteamiento cicatero de Zidane. La teoría, y con frecuencia también la práctica, concluyen que preocuparse más del enemigo que de tu poderío es comenzar a perder el partido. Valverde, con menos donde elegir, no modificó apenas sobre lo previsto. Mantuvo a Sergi Roberto en el lateral derecho, a pesar de que el portugués Semedo rindió bien en el inicio de campaña, y antepuso el buen momento del belga Vermaelen al oficio de Mascherano, ya más fuera que dentro del club.
Insistió además en Paulinho para apuntalar el centro del campo. Músculo, llegada desde la segunda línea y experiencia del brasileño, aunque no en los clásicos. Una elección facilitada también por las bajas de Alcácer y Deulofeu. Lo más novedoso fue que en el comienzo Paulinho jugó como interior derecho. Cambió Valverde a la media hora y adelantó a este jugador que llegó en silencio desde la liga china pero se ha convertido en un hombre clave en este Barça. Más dominante en ese arranque que el Barça, aunque sin perder nunca de vista el repliegue, el Madrid ya dispuso antes de dos ocasiones, además de un gol anulado a CR7 por claro fuera de juego. Ambas las protagonizó Cristiano, lejos de su mejor versión pese a su Balón de Oro y The Best recientes, pero siempre una amenaza. En la primera le pegó una patada al aire tras un pase rasito, excelente, de Kroos y después sólo un pie milagroso de Ter Stegen evitó que su zurdazo fuera gol. Siempre hace el alemán una parada determinante.
El Barça estaba encantado con el empate sin goles y un partido muy cerrado. Mientras el Madrid no fuera más incisivo, vivía feliz y esperaba a su momento.
En contra de lo que determinaba la clasificación, el Barça salió mucho mejor que su archirrival en la segunda mitad. E hizo trizas pronto el plan de Zidane. Avisó Suárez antes del primer gol, anotado tras un contragolpe de libro que inició Busquets tras un movimiento extraordinario ante Kroos, que sólo le siguió con la mirada. A partir de ahí, internada de Rakitic, apertura de Sergi Roberto, asistencia del canterano y gol del uruguayo, objeto minutos después de un golpe con el brazo en la cara de Ramos que bien pudo haberle costado la roja al sevillano.
El Madrid estaba ya fuera del partido, y de la Liga. Más aún tras la mano de Carvajal para salvar un gol de Piqué que le costó la expulsión al defensa y el segundo, obra de Messi de penalti. Pitada monumental a Zidane al retirar ya con 0-2 a Benzema y meter a Nacho. Ya entre los olés de la hinchada culé, Zizou introdujo a Asensio y Bale. Ni un minuto para Isco. Y menos mal para el campeón que el Barça contemporizó porque la goleada pudo ser de escándalo. Premio para Aleix Vidal, que marcó nada más entrar y acentuó la crisis de los campeones del mundo. Enorme acelerón de un Barça ‘triunfant’.