OPINIÓN Miguel Pardeza
Sobre los mejores
En los manuales de Historia del Deporte, Inglaterra figura como el país pionero y promotor del fútbol. Sin embargo, el invento no es del todo inglés. Al menos hay documentación que localiza juegos referentes o similares en épocas antiquísimas, perdidos en la memoria de los hombres. El dato, importante para historiadores y antropólogos, sólo sirve para la fijación de periodos, no para el origen acabado de un entretenimiento que se ha convertido en el más popular del siglo veinte. No creo que nadie tenga nada que objetar a la certidumbre de que si los ingleses pueden considerarse como los fundadores del fútbol moderno, han sido los brasileños quienes han alcanzado un grado de perfección apasionante. Sea por la raza, por la realidad sociopolítica, o por destino celestial, el caso es que en Brasil se han dado en los últimos sesenta años algunos de los mejores jugadores de todos los tiempos. Sobran los nombres, porque están en la mente de todos. La tradición aún pervive. Por ello no extraña que entre los aspirantes al Balón de Oro figuren cuatro jugadores de la selección del discutido Scolari: Ronaldo, Rivaldo, Ronaldinho y Roberto Carlos. La hegemonía no deja lugar a debates insulsos. A lo largo de este Mundial rutinario, hipotecado en el recuerdo por la pobreza de los participantes y los escándalos arbitrales, han sido precisamente hombres como los aludidos quienes nos han devuelto aquella ilusión infantil por cazar ejemplos en que fijarse. Fuera de todos ellos, el turco Hasan Sas, el capitán de la selección coreana, cuyo nombre prefiero no mencionar, el senegalés Diouf, el alemán Ballack y el defensa español Fernando Hierro, entre otros, también están en la lidia. Pero a uno le parece que semejante acompañamiento no es más que un mero protocolo para que la elección no resulte del todo facilona. Tanto si Brasil sale campeón en la final como si no, habrá que aceptar que el mejor jugador está con los que visten camiseta amarilla. Y como no voy a entrar en declaraciones de principios, por lo demás de sobra conocidos, les diré que mi candidato es el delantero brasileño Ronaldo. De momento encabeza la carrera de los goleadores, pero más allá de eso convendría reconocerle su resurrección después de un ostracismo lacerante de casi cuatro años. Y es que el mérito no está tanto en su calidad como en su pundonor y su constancia.