Las felicitaciones de los jugadores españoles por marcar se elevaron en esta ocasión hasta en siete veces frente a Georgia. MDZINARISHVILI

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León

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España alejó fantasmas con una goleada de escándalo en Tiflis (1-7). En un partido que el incendio que consume a la Federación Española de Fútbol por el ‘caso Rubiales’ y la derrota frente a Escocia a finales de marzo habían convertido casi en una cuestión de vida o muerte, el combinado de Luis de la Fuente ofreció una respuesta primorosa que le permite respirar más tranquilo dentro de la fase de clasificación para la Eurocopa de Alemania.

Morata lideró con un ‘hat-trick’ el festival ofensivo de La Roja, que completaron Kvervelia, en propia puerta, Dani Olmo, Nico Williams y un Lamine Yamal que adornó su bautismo como internacional con un gol que refrendó el ángel del debutante más joven en la historia de la selección. Las lesiones de Dani Olmo y Asensio, dos futbolistas cuyo extraordinario inicio de temporada a nivel de clubes tuvo correlato con la selección en Tiflis, fueron las únicas malas noticias que dejó un choque tras el que llueve menos.

El atacante del Leipzig, un valor seguro cada vez que se enfunda la casaca nacional, y el flamante extremo del PSG despellejaron con su chispa, buen pie y pegada, a Georgia, antes de ser traicionados por el físico y dejar paso a Nico Williams y Lamine Yamal, quien hizo historia con un combinado que, tras cuatro días sin sosiego a causa del ruido en la Federación y el esperpento del baúl con las botas y los guantes que llegó con nocturnidad y alevosía a tierras georgianas a pocas horas del inicio del pleito, tomó oxígeno y revitalizó a Luis de la Fuente.

Georgia salió dispuesta a emular ese papel de rival ulceroso, aunque La Roja pudo desvestirla pronto. El combinado que dirige el francés Sagnol no le importaba ceder el mando a España para precipitar la transición en cuanto robaba y abonarse a la electricidad de Kvaratskhelia, un singular futbolista que fusiona el recio físico de los atletas venidos del este con el alma gambeteadora de los extremos brasileños. Fuego y hielo.

Lo derritió Morata, pertiguista letal cazando al segundo palo un centro combado de Asensio. El testarazo del delantero del Atlético, inapelable para Mamardashvili, justipreció la soberbia puesta en escena de España. La diana de Morata allanó el trayecto de España, que se puso cuesta abajo enseguida. El cuchillo de Dani Olmo volvió a abrir una grieta en la retaguardia caucásica para activar a Fabián Ruiz, cuyo pase de la muerte mandó a la red Kvervelia en su intento de despeje. Baño y masaje A esas alturas, la torrencial ofensiva de España desbordaba el afán georgiano por achicar agua y Dani Olmo colmó el vaso. El atacante del Leipzig, bombero hace un par de años en aquel espinoso duelo que descorchó Kvaratskhelia, revalidó su condición de talismán con España fabricando el tercero con un disparo seco al palo corto.

Georgia, abierta en canal, bajó los brazos y Fabián Ruiz y Morata, tuya-mía, mía-tuya, elevaron el castigo con el segundo tanto en la cuenta del madrileño. La fiesta hubiera sido redonda de no mediar la lesión de Dani Olmo y la de Asensio, motivos de lamento para un seleccionador que acertó al apostar por ambos como abrelatas. Sus salidas concedieron una nueva oportunidad con La Roja a Nico Williams y a Lamine Yamal. El desahogo y los cambios distrajeron algo a España y Chakvetadze recortó distancias con la colaboración de Unai Simón. Fue un espejismo para Georgia.

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Nico Williams y Lamine Yamal completaron el balsámico triunfo de una reivindicativa España que mostró su mejor rostro en medio de la tormenta. Y con goles.