Un Real Madrid ramplón gana al Inter de Milán
Al Bernabéu no le gusto el juego de su equipo. Hubo bronca y Vinicius se llevó la peor pitada

Mbappé celebra el primer gol, que abría el marcador.
TextoEl Real Madrid encontró ante el Inter la victoria donde más insistió Mourinho: en la presión, origen de los goles de Kylian Mbappé y Fede Valverde, y en Thibaut Courtois, refugio de siempre cuando el conjunto italiano discutió una victoria (2-1) más corta de lo que finalmente contó el marcador tras un choque sin fútbol que ofuscó al Bernabéu en el tramo final.
Mbappé, revuelto en la víspera cuando fue preguntado por la necesidad de presionar, se benefició de su propio esfuerzo para celebrar un gol, el primero, al cuarto de hora, que fue el preludio del segundo, también en la primera parte y del mismo modo: en esta ocasión fue Valverde quien se empleó a fondo para molestar al guardameta Josep Martínez y sumar el segundo.
Pero antes del pitidio inicial, la derrota ante el Betis había dejado una pregunta pendiente y el calendario se apresuró a exigir la respuesta. Después del Espanyol, la Real Sociedad y el Málaga, La Cartuja elevó el grado de dificultad y el Real Madrid tropezó. El Inter representaba otra prueba seria, quizá la mejor medida hasta ahora para un equipo todavía en construcción.
Mourinho llegó al partido con el centro del campo bajo mínimos. Sin Bernardo Silva, Güler y Camavinga, recurrió a Trent, centrocampista ocasional en el Liverpool y experimento discutido de Southgate en Inglaterra. Le acompañó Bellingham, retrasado varios metros, mientras Brahim ocupó el lugar de Güler. Diomande volvió al banquillo, todavía a la espera de enseñar desde el comienzo la electricidad que se le supone.
El Inter entendió mucho mejor la primera parte. Jugó con más naturalidad, encontró espacios y disparó diez veces. Huijsen rozó el gol en propia puerta, Courtois respondió e inició su serie de paradas con una intervención ante Calhanoglu y Curtis Jones sacudió la cruceta. Al descanso, sin embargo, perdía 2-0. El fútbol tiene estas insolencias.
Al Real Madrid le faltó juego, pero no energía. Y encontró los goles precisamente en la presión, asunto que provocó cierto fastidio en Mbappé. El francés dio con el premio persiguiendo a Bisséck, forzó su error y aprovechó después la asistencia de Brahim para marcar el primero. No hubo elaboración, pero sí voracidad.
El segundo fue todavía más expresivo. Valverde corrió detrás de una pelota que parecía propiedad de Josep Martínez, llegó hasta el portero, provocó un despeje defectuoso y recibió el premio del rebote: el balón golpeó en él y acabó en la red. El 2-0 explicó los goles, pero no el partido. El Inter había jugado más y amenazado mejor; el Real Madrid había exprimido dos errores con una eficacia feroz. Incluso Bellingham pudo añadir el tercero en una contra que Josep Martínez desbarató con una gran parada. El equipo de Mourinho llegó al descanso con poco fútbol, mucha presión y una ventaja magnífica. A veces también se gana así.