La aportación anotadora del jugardor noruego Klelling resulta insuficiente para evitar la eliminación de la Recopa

El Ademar luchó en vano

370 días después de probar en Veszprem el amargo sabor de la eliminación en la competición europea, entonces en la Copa de Europa,

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Miguel Á. Zamora Enviado especial de CIUDAD REAL.
León

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La calle del Doctor Bernardo Mulleras recogió en la capital manchega las horas del pre-partido con la estampa de Miguel Ángel Amigo, delegado-asesor arbitral-traductor y no se sabe cuántas cosas más del Ciudad Real, paseando a los árbitros del compromiso de la tarde al sol de la mañana. No sería en principio asunto de más importancia, si no fuera que, a esas horas, el club leonés aún no conocía en persona a la pareja que iba a dirigir tamaño partido como el de turno. Cosas del protocolo. Como pasó en León con el mismo protagonista, hay cosas que no serán ilícitas, pero sí inmorales. Ademar no se despidió de Europa bajo el influjo de un arbitraje horroroso. Bien pudiera ser asunto de tópico colgar del silbato la responsabilidad de un adiós prematuro. León defendió mucho menos de lo que sabe, marró en ataque mucho más de lo que acostumbra, y dejó la intensidad que preside el espíritu de la casa marista para cuando el asunto estaba complicado. Pero es demasiada tentación resistirse a la certeza de saber que en los momentos decisivos de partido, le cayeron faltas en ataque sueltas por aquí, exclusiones rigurosas por allá y algún castigo de siete metros inverosímil. Quede constancia, pues. El ambiente de la pista se comió al equipo de Cadenas. El público local hizo el primer parcial 5-1, que ya eliminaba al Ademar, por más que Cadenas se reiterase en el mismo entramado táctico que en el partido de ida. El bando de casa se dejó de experimentos raros y jugó con la primera línea de gala, y determinó dos momentos básicos para la primera parte. El parcial de arranque, letal para la autosuficiencia forastera, y un preocupante 14-7 (min. 20,51). Seis balones perdidos Bajo los efectos de los errores no forzados (en el minuto 14, el bloque marista ya había perdido seis balones, amén de resolver sin gol otros cuatro lanzamientos) el tinte local del partido se hizo más evidente, y la decoración del partido cada vez más fea para los intereses de Ademar. Así que el partido recogió alegre la noticia del retorno a la vida en el bando de fuera, cuando al borde del descanso, el choque quedó otra vez en el límite. De la última acción del arranque derivó una exclusión a Metlicic que anunciaba complicaciones para el regreso a cancha tras el intermedio. Resultó que, no sólo supo salvar la escuadra de Manolo Cadenas la situación, sino que además, con un tono sólido por

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