Diario de León

OPINIÓN Marro

Evocación y compromiso

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León

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La triste y apagada actualidad de la lucha leonesa no da para mucho más, para apenas nada. Así que mejor expansionarnos en clave de evocaciones más o menos sentimentales, y siempre comprometidas -compromiso de iIdentidad- con la exaltación de nuestra lucha en cualquier frente. Y así, al hilo de la publicación el pasado domingo en nuestro Suplemento Cultural «Filandón» de la letra del Romance -homenaje al heróico luchador Jesús Antonio García de La Ercina, vamos desde aquí y durante un par de semanas a tratar de complementar y contextualizar un tanto dicho texto exaltador -de la lucha- y homenajeador -del luchador-. Si se dio acogida con todo derecho y propiedad a la lucha leonesa en tales páginas específicas de cultura, y razones de maquetación aparte por la extensión del romance, lo fue porque la lucha encarna una manifestación de cultura popular y de tradición genuinamente leonesas. Filandón leonés: tradición y cultura popular leonesa. Cuadra todo ello y por entero con lo que representa y simboliza la lucha leonesa. Aparte del primero y más leonés de los deportes, e incidiendo en su vertiente más espiritual, la lucha leonesa representa una seña de identidad regional que aporta su contribución a conformar la que se ha dado en llamar hecho diferencial leonés. Y en otro orden si «lucha» es por definición beligerancia y reivindicación, la lucha leonesa habrá de suponer beligerante reivindicación leonesa. Lo más alejado de la sumisión, el entreguismo, el sometimiento. «leoneses... dueños del hambre, / el sudor y el hacha, / reyes de la minería, / señores de la labranza, / hombres que entre las raíces / como raíces gallardas, / vais de la vida a la muerte, / vais de la nada a la nada: / yugos os quieren poner / gentes de la tierra mala, / yugos que habéis de dejar / rotos sobre sus espaldas» (de Miguel Hernández en sus «Vientos del Pueblo»). Aunque no lo sea administrativamente (¡ay! la dichosa norma 78 que deja en evidencia flagrantes agravios comparativos «...serán autonomías las regiones históricas...») nuestra región-reino, además de histórica, está leonesamente diferenciada gracias a la lucha Leonesa entre otros aportes y soportes «diferenciadores». Diferenciada tanto del sequedal mesetario como del humedal periférico. Y a pesar de que se nos aperciba con el «Si Coyanza castellana / y el Bierzo gallegos son, / y la montaña asturiana / ¿qué le dejas a León». Al menos la identidad, la leonesidad de la lucha leonesa debería ser irrefutable: aunque no menos irrefutable sea la celebración -¡histórica!- en León de las primeras Cortes Democráticas de Europa en el año 1188 bajo el reinado del Alfonso IX y que contaron con representación burguesa y etc., etc., etc. Pero en fin, elevándonos sobre estas disgresiones y retomando el componente cultural-popular, la lucha leonesa sugiere e inspira estampas de acrisolado costumbrismo. Tradición oral de gestas, puganas y lances. Y a algunas de estas gestas les ha dado forma de romances, musicalizándoles, el grupo músico-vocal folk «La raña». De ahí surgiría el CD del «Romancero de la lucha leonesa», de acceso y circulación más que restringido puesto que al ser financiada su grabación por la Diputación Provincial suyos son los -digamos- derechos de distribución y demás. Luego bloque absoluto para lanzamiento, promoción, comercialización... Osea que el que quiera adquirir en El Corte Inglés el romancero y/o el Himno a la lucha leonesa -¡de lo más vibrante y enardecedor!-, como sucedería con cualquier grabación «normal», ha de quedarse con las ganas ¿Hasta cuándo...? Como para pretender que se ponga en el mercado este último romance que acaba de componer y prestar «La Braña» y que supuso de alguna manera la razón de tal acomodo a toda página en el «Filandón».

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