Cebos perjudiciales

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Los cebos de río han sido siempre los principales ingredientes empleados para la pesca de toda clase de peces, y aún continúan siéndolo para todas las especies, con una sola excepción: las truchas. Este salmónido se halla en la actualidad sometido a una serie de prohibiciones y restricciones al respecto, con la aparente intención de protegerle de su exterminación, presuponiendo que son los causantes de la disminución que padece la especie, y que sigue su vertiginosa carrera hacia el abismo, a pesar de las normas restrictivas dictadas, sin darse cuenta de que todos los cebos, naturales o artificiales, son efectivos (perjudiciales), dependiendo sólo de que quien los utilice esté doctorado en su manejo, suerte incluída. Para que un cebo sea muy efectivo (y por lo tanto, perjudicial) tienen que coincidir un cúmulo de circunstancias que favorezcan su empleo, pero partiendo siempre de la premisa de que el practicante sea un consumado maestro en la especialidad. Se añadirán entonces las cuestiones que coyunturalmente harán el milagro de excitar la voracidad de las truchas hacia el cebo apropiado y, como consecuencia, un excelente resultado en las extracciones. Hemos de partir siempre de la base de que las truchas existan, puesto que si no es así, poco daño puede hacer ningún cebo a los fantasmas de otros tiempos. Pongamos ejemplos: Si pescamos a lombriz en primavera, será bueno el caudal alto por la lluvia o tormentas (no de nieve), turbio pero aclarando a canoso. La lombriz será preferentemente la anillada común, por su resistencia y dureza, que se moverá con vivacidad una vez ensartada en el anzuelo (hay quien las somete a un tratamiento de restos de café, para ponerlas mas nerviosas). La pesca al corrido, sin flotador, será la adecuada, y aprovecharemos los pequeños remansos que forman estas grandes avenidas en las orillas, bien sea en pozos o tablas adecuadas, llevando siempre el hilo de nylon tocándolo suavemente con el dedo, muy atento al clásico tric-trac de la picada. Transcurridos cinco segundos aproximadamente es el momento del cachete para clavar la pieza, que ya habrá tragado el cebo. Si, por el contrario, deseamos hacerlo en verano, habremos de pescar con un hilo de nylon muy fino, con plomada alargada y afilada en los extremos, al objeto de que al entrar en el agua apenas se sienta, lanzando en raseras, tablas y pozos, aguas arriba, casi siempre a trucha vista. Condición indispensable es la de que los ríos estén en período de estiaje y el tramo donde pesquemos se halle tranquilo, encontrándose la pesca confiada. Mosca ahogada Si nuestra preferida es la mosca ahogada nos encontraremos con que en esta modalidad es condición imprescindible saber detalladamente los mosquitos que caerán en cada eclosión y mejor fabricarlos uno mismo, conociendo al dedillo las plumas de las mejores capas de los gallos de La Cándana, Campohermoso y alrededores, y componiendo estas con el adecuado cuerpo y brinca. Luego, estar en el río a las horas adecuadas: mediodía o sereno, según cuadre, aprovechando al máximo ese gran momento en que la actividad de las truchas se encuentra en su punto álgido. El río deberá estar con un caudal equilibrado, ni alto ni bajo, y nuestros lances irán dirigidos en todas las direcciones, aguas abajo y al frente, pero aprovechando todos los rincones y orillas preferentemente aguas arriba, sabiendo llevar con la tensión justa el aparejo para sentir la picada, pero que no produzca casi estela en la superficie, con ligeras vibraciones. Al sereno no importa que el caudal sea bajo si los mosquitos y el maestro son los idóneos para arrancar a las truchas en el agua parada de las noches de verano. Imprescindible que haya truchas. Con este señuelo y durante el día, suelen picar con facilidad las truchas pequeñas, aunque sea a pescadores sin experiencia. Las probabilidades son siempre mayores al disponer de cinco o seis mosquitos trabajando, en lugar de una mosca o señuelo de cualquier otro tipo, como ocurre con los demás cebos. Cucharilla Al comienzo del lance ligero se pudo disfrutar de la cucharilla, que llegó a equipararse a los resultados de los cebos clásicos cuando se daban las condiciones mejores. Hubo (y aún hay alguno) verdaderos maestros del lance con cucharilla que, a partir del mes de mayo, cuando los ríos clasicos comenzaban a normalizar su caudal, pescando en caídas de agua rizada, chorreras, ganchos, regatos y orillas de las grandes tablas, casi siempre aguas arriba, hacían entrar a las truchas con facilidad; la que no mordía hacia abajo lo hacía a la media vuelta que la corriente obligaba a dar a la cucharilla. En los ríos controlados por pantano, esta pesca resultaba efectiva, ya que estos ríos por entonces habían centuplicado su población de truchas, al no afectarles el estiaje como antaño, cuando quedaban secos y esquilmados. Actualmente ha caído en desuso, por poco eficaz. Desde que los franceses nos enseñaron a pescar a mosca seca, todos los demás cebos quedaron relegados a un segundo o tercer lugar en cuanto a efectividad se refiere, y desde entonces sabemos que las truchas que a otros cebos no picaban, lo hacían a la mosca seca, si las manos que manejaban el látigo demostraban su finura en los lances, además de disponer de las moscas adecuadas a cada lugar y hora y la vista necesaria para clavarlas en el momento preciso, para lo cual se usan gafas especiales que eliminan el brillo de la superficie. Desde entonces las mejores truchas de todos los ríos han sucumbido a este cebo. La prueba más contundente de la efectividad (o perjuicio, según se mire) de los cebos es la de que todos los profesionales legales de la pesca que vivían hasta hace pocos años de ella, lo han sido utilizando los cebos naturales de lombriz y gusarapín, y en mayor medida la vulgarmente denominada pluma (mosca ahogada) que consiguió la mayoría de adeptos. Después algunos de la mosca seca, pocos, debido a los cupos y a la venta prohibida. ¿Cuáles son los cebos mas perjudiciales? ¿Los mas efectivos? Pues, no hay duda: La mosca ahogada, la mosca seca, la lombriz, el gusarapín y la mosca de mayo. En consecuencia, si el objetivo de la conservación se basa en la restricción máxima de extracciones, deberán prohibirse los antes mencionados en sus momentos más álgidos, y olvidarse de utilizar más de un anzuelo por caña, pescando sólo a los que no piquen. Los furtivos de la caña con hueva de salmón y asticot, la red, la garrafa, los venenos, las cuerdas y, como remate, polución y electricidad, son la causa de la mayoría de los males.