Diario de León

Un hombrecillo verde que no se cansa de acumular éxitos

Con sólo 21 años a sus espaldas Bekele se ha convertido en el rey del cross dominando los tres últimos mundiales tanto de cross corto como de largo en los que no ha tenido rival que le amenace

Bekele muestra orgulloso uno de los oros logrados en Bruselas

Bekele muestra orgulloso uno de los oros logrados en Bruselas

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José Antonio Diego - madrid
León

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Velocidad y potencia, la combinación ideal para triunfar en el atletismo, se han encarnado en Kenenisa Bekele, un miembro de la saga de los «hombrecillos verdes», que a sus 21 años ha instaurado una nueva dinastía en el fondo con su tercer doblete consecutivo de cross. Bruselas ha puesto doble corona por tercer año consecutivo a Bekele. En sus 160 centímetros de estatura y 54 kilos de peso se esconde una máquina imbatible en distancias superiores a los cinco kilómetros. El atletismo etíope no pudo llevar al cross la superioridad del fondista Haile Gebreselassie en pista. Desde 1983, cuando otro Bekele, Debele, sin relación de parentesco con el actual, ganó el título mundial en Gasteshead (Inglaterra), Etiopía no conocía semejante floración de corredores de campo a través. Nacido, tercero de seis hermanos, el 13 de junio de 1982 en Arsi, región de Oromia, a diez kilómetros de donde Gebre vio la luz, Bekele es el nuevo rey del fondo, en pista y cross. Su físico, pequeño y robusto, más musculado que sus compatriotas, le asemeja más a un corredor de 400 metros que a un fondista, pero es capaz de sostener altos ritmos de crucero y rematar con un esprint letal incluso para el rapidísimo Haile. Un kilómetro en 2:20 le bastó para derrotar en el cross largo a sus enemigos. Con solo 21 años, Bekele presenta ya un historial espectacular en los Mundiales de cross. Debutó con 19 años en 2001 y venció en la prueba júnior con 33 segundos de ventaja. El día anterior había sido segundo en el cross corto de la categoría sénior. En 2002 y 2003 ganó con enorme superioridad las dos carreras en categoría absoluta y en Bruselas se fijó el reto de un tercer doblete, que ha obtenido con la misma facilidad que los dos anteriores. El año 2003, una vez recuperado de una lesión en el tendón de aquiles que le impidió hacer la temporada en pista de 2002, fue el de la gran explosión de Bekele. Corrió los 10.000 de Hengelo en 26:53.70, los 5.000 de Oslo en 12:52.26, los 5.000 de Roma en 12:57.34. Llegó a los Mundiales de París con una racha perfecta. En el estadio de Saint Denis derrotó a su

Gebre en la final de 10.000 con un registro de 26:49.57 y fue tercero en la de 5.000 con 12:53.12, batido por el keniano Eliud Kipchoge, a quien fulminó en Bruselas en el octavo kilómetro, y por el marroquí Hicham El Guerruj. La facilidad con que obtiene sus victorias resulta sorprendente. Suele llegar a la meta con ventajas de entre 15 y 30 segundos sobre el segundo y, sea cual sea la velocidad a la que corra, su semblante no refleja el menor signo de sufrimiento En 2004 ha empezado a batir récords del mundo. El 27 de febrero, en Birmingham, corrió los 5.000 bajo techo en 12:49.60, medio segundo por debajo del tiempo invertido cinco años antes en la misma pista por Gebreselassie. Ni su físico se amolda al modelo perfecto de fondista, ni sus costumbres se parecen a las del atleta angustiado por cuidarse. Dos horas antes de ganar el Mundial de cross fue visto, el año pasado, devorando un gran bocadillo. Tras recibir la medalla de oro en el podio, despachó una hamburguesa. Dos «pecados», en pura teoría atlética. Pero las leyes que para otros atletas son sagradas, no tiene fuerza para Bekele. El nuevo rey impone se rige por sus propias normas.
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