¿Quién habló de cenicientas?
El torneo llega a su semana clave con Portugal asfixiado y con Chequia como gran favorito

Scolari observa al portero Ricardo durante un entrenamiento
La Eurocopa entró ayer en su semana decisiva con buenas perspectivas a todos los niveles. En lo deportivo, la competición está rayando a un nivel aceptable. Frente a los agoreros que pronosticaban una Eurocopa aburrida y gris, llena de marcadores cortos y racanerías tácticas, lo cierto es que ha habido varias oportunidades para la diversión. Se han visto algunos buenos partidos. Dos de ellos, el Holanda-República Checa y el Portugal-Inglaterra, inolvidables por su intensidad dramática y futbolística. Otro factor que ha contribuido a dar pimienta al torneo ha sido la igualdad cada vez mayor entre la selecciones. Ya no quedan cenicientas en el fútbol europeo. Y si quedan lo disimulan bien. En las semifinales se han colado tres selecciones cuya clasificación entraba dentro de los pronósticos (Portugal, la República Checa y Holanda) y otra que parecía destinada a hacer número, Grecia. Chequia, en otra dimensión Por juego, por méritos y por resultados, la República Checa se ha convertido en la gran favorita de esta Eurocopa. Se sabía antes del torneo que el equipo de Brückner merecía la misma consideración que cualquiera de los grandes clásicos europeos. Eusebio, de hecho, no dudó en situarla como su primera candidata al título; un acierto que la Pantera Negra se encarga de recordar en los últimos días, a medida que los checos van escalando posiciones y pulverizando rivales. Lo que no se podía saber es que la autoridad de Chequia iba a resultar tan apabullante. Los méritos de Felipao Scolari No se le pueden quitar méritos a la selección deScolari. En el partido inaugural, frente a Grecia, a los portugueses les dio un ataque de trascendencia y se les cayó el mundo encima. Obligados a ganarlo todo, a partir de ese momento cada partido se convirtió para ellos en lo que aquí llaman un «mata-mata». Duelos a muerte. O tú o yo. La presión, por tanto, ha sido máxima para los anfitriones. De ahí que haya que resaltar su cuajo para superarla con éxito. Uno de los culpables del buen papel de Portugal ha sido Scolari. Muy criticado en los meses previos al torneo, el brasileño ha mostrado al menos dos grandes valores: tiene personalidad y no es dogmático. Y en un deporte como el fútbol no es fácil demostrar carácter y, a la vez, cintura, capacidad de autocrítica. Respecto a su personalidad, también hay buenos ejemplos: mantener a Ricardo como portero contra viento y marea, sentar en el banquillo a un ídolo nacional como Rui Costa o sustituir a Figo en el último cuarto de hora del partido contra Inglaterra. (Por cierto: otra decisión valiente que tuvo su premio con el gol de Postiga). A Portugal, el equipo con más posesión de balón de la Eurocopa (58%), se le ven sus progresos. Es un bloque en alza, algo crucial en un torneo de esta características, donde lo habitual es lo contrario, es decir, empezar como un cohete y acabar doblado para el cuarto partido. Los portugueses son favoritos para llegar a la final. Aunque les falta contundencia arriba, tienen carácter, les sobra moral tras dos victorias históricas ante España e Inglaterra y, además, se plantarán en semifinales con dos días más de descanso que Holanda. El milagro de Otto Rehhagel En el Olimpo, entre Zeus y Hera, los griegos han colocado este mes a Otto Rehhagel, el entrenador que más alto ha llevado a la selección helena en toda su historia. La mitificación del seleccionador ha llegado hasta el punto que el ministro del Interior griego, Georges Voulgarakis, afirmó el domingo que solicitará para él la nacionalidad helena. «Otto tiene el alma griega», dijo el político, con ese punto enigmático que a veces desprende la demagogia. Los méritos de Rehhagel, ciertamente, son indiscutibles. Se nota a la legua que Grecia es un equipo de autor, muy bien construido y perfectamente identificable. Rehhagel sabe hacer estas cosas. La pregunta es qué es un equipo inteligente y la respuesta es de sobra conocida: aquel que desarrolla y perfecciona un estilo basado en hacer bien sólo lo que sabe hacer. Como Grecia, por ejemplo. La selección helena cuenta con un ramillete debuenos futbolistas, algunos de ellos muy apreciables (Dellas, Fissas, Karagounis, Charisteas, etc.), pero su virtud no tiene tanto que ver con la suma de talentos individuales como con sus atributos como colectivo. ¿Que tienen uno de los porcentajes de posesión más bajos, apenas un 42%? Sí. ¿Que sólo han rematado 34 veces frente a 84 de Portugal? También. Pero es que los griegos no necesitan ni de grandes posesiones ni de muchos remates. Su fútbol es otro. El día que más tocaron y remataron perdieron ante Rusia. A este nivel, se diría que Grecia es la antítesis de España, que ya probó la medicina de Karagounis y compañía durante la fase de clasificación para la Eurocopa y durante la propia Eurocopa. Una incógnita naranja Los orange vuelven a las semifinales cuatro años después de alcanzar este mismo escalón en la Eurocopa de la que fueron organizadores. De los pupilos de Dick Advocaat se puede decir que forman una de las pocas selecciones clásicas que ha cumplido con las obligaciones de su rango y con los deberes que le impone la historia. Ahora bien, lo han hecho con lo justo, sin ningún alarde. Y a Holanda, desde hace treinta años, siempre se le pide algo más, una estética, ese plus de belleza en el juego que patentaron Johan Cruyff y compañía. La realidad es que los holandeses están en semifinales casi por inercia. Curiosamente, su mejor partido, de largo, fue el que perdieron contra la República Checa. Por lo demás, su concurso no ha pasado de discreto. Así las cosas, al día de hoy todavía no se sabe con certeza a que nivel se encuentran los orange. Que tiene grandes jugadores es de sobra conocido. Que Robben está siendo una de las sensaciones de la Eurocopa, también. Que Van Nistelrooy hace goles, y que Van de Vaart y Van del Meyde son grandes talentos y un día explotarán, también. Sin embargo, más allá de estas evidencias, Holanda no ha despejado la duda de cuál es, en este momento, su verdadero potencial como equipo; en lo estrictamente colectivo.