Diario de León

DIARIO DE UN EX OLÍMPICO

A mojarse un poco

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LÓPEZ ITURRIAGA
León

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PUES ENTRE UNAS cosas y otras, esto se ha acabado. Anoche nos sentamos ansiosos por ver la ceremonia de inauguración y descubrir el grado de imaginación que le iban a echar los griegos a la hora de encender la llama (prueba superada) y resulta que nos la han apagado ya. Y claro, ahora que todo ha terminado, se supone que yo tendría que decir qué me ha parecido toda esta movida deportiva. Debería opinar sobre la actuación española, elegir el deportista de los Juegos, el momento de los Juegos o la decepción de los Juegos. No, no crean que esto es un anticipo para escaquearme con alguna salida por la tangente que me evite tomar partido. Para eso ya tenemos a muchos políticos. Lo voy a hacer, porque si un medio ilustre y reconocido como éste (ya ven que me estoy trabajando el sitio para Pekín 2008) me cede un espacio de opinión, es para que opine. Pues ahí va. No han sido unos buenos Juegos en lo que a la actuación deportiva se refiere. Salvo el desafío de Phelps, casi conseguido, no hay demasiados nombres ni actuaciones de esas de dejarte con la boca abierta y que sobrevivirán al paso del tiempo. Con el atletismo bajo sospecha, la gimnasia embroncada con las actuaciones de los jueces o el baloncesto que ha estado pendiente de un equipo apodado 'Pesadilla', el recuerdo se va a limitar a menos momentos épicos de los que se podría esperar. Seguro que cada deporte ha tenido su héroe, pero ninguno, salvo Phepls, ha traspasado todas las fronteras disciplinares. Los nuestros. El quid de la cuestión. 19 medallas. Me niego en rotundo a hacer una evaluación general basada en que si hemos sacado más que en Sidney o Atlanta y menos que en Barcelona. Sólo me pararé en un par de cuestiones. Si nos fijamos un poco, en los deportes que más se practican en nuestro país, los que cuentan con más adeptos y seguidores, los que tienen más dinero para sus planes, en todos esos no nos hemos comido casi ni un colín. Si nos fijamos en los deportes estrella de una olimpiada, llámese atletismo, natación, baloncesto o gimnasia, poquito más. Para no ponerme dramático, un dato positivo. La dispersión de lo obtenido es mayor que en Barcelona por ejemplo. Allí de las 22 cinco fueron en Atletismo y otras tantas en vela. Aquí se han repartido más, lo que es mejor. El deportista de los Juegos. Sin duda, Michael Phelps. No sólo por ponerse un objetivo sideral en contra de la opinión de todo el mundo, lo que nos hizo seguirle como si fuese de Amurrio y haber estado a poco de conseguirlo, sino por su detalle de grandeza al ceder a un compañero el puesto en el relevo que le pertenecía. Se lleva nuestra admiración que sería mayor si no estuviese todo el día con los auriculares de música puestos. El momento. A escala general elegiría el final de la carrera de 5.000 metros en atletismo. Se la jugaron el ganador del 1.500 El Guerrouj y Bekele, vencedor del 10.000 sobre el mito Gebreselassi. Por quién estaba, por lo que se jugaban y por cómo se decidió, el instante fue mágico y significativo. Por cierto, ganó Al Guerrouj. En cuanto a la participación española, el momento con mayúsculas fue el partido de baloncesto frente a EE UU. Nada se vio más, nada se observó con tanta ilusión. La pena fue que los NBA jugaron sus únicos cuarenta minutos de baloncesto de los Juegos y nos cortaron las alas. Organización. Temíamos tanto la falta de ella que ante la ausencia de noticias importantes sobre desorganización habrá que concluir que ha sido buena.

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