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León

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Administrar no es sólo dictar normas contra el sector más débil y hacer la vista gorda ante los verdaderos desmanes ecológicos, que sí fueron y siguen siendo los verdaderos culpables de esta desolación, como por ejemplo: 1 Reacción demasiado tardía. El primer paso hacia la desertización se dio cuando se dejaron transcurrir muchos años sin prohibir la venta de las truchas, que alcanzaban cada año más precio, con redes de recogida en toda la provincia, de la que salían muchos miles de kilos diarios hacia los restaurantes de toda España. Cuando quisimos darnos cuenta fue, como siempre, tarde. 2 Contaminación de las aguas. Más importante aún ha sido la introducción de productos quími cos de limpieza en todos los hogares, extendiéndose un envenenamiento general y progresivo que, como siempre, no ha sido tratado a tiempo con depuraciones adecuadas en ciudades y pueblos, dejando transcurrir los años sin prevenir y haciendo la vista gorda por no perjudicar a los ayuntamientos contaminantes, o imponiendo multas ridículas. 3 Demasiada permisidad general y escasa dureza en las sanciones. Añadido al anterior, las industrias y establos han tenido patente de corso para enviar sus residuos a los ríos, aprovechando la nocturnidad y la poca incidencia de las sanciones en sus economías, prefiriendo pagar esas multas que purificar estos residuos . 4 Problemas para la reproducción y enfermedades. A causa de estas contaminaciones, las truchas tuvieron que desovar entre fondos llenos de bacterias y caudales poco oxigenados, que se tradujeron en la aparición de la saprolegniosis y en las epidemias que todos hemos conocido, dejando diezmada a la población de truchas, sin que por ello los caudales se hayan mantenido abundantes. 5 Pesca eléctrica y lucha contra el lucio. El excesivo uso de la pesca eléctrica «para fines estadísticos» y la eliminación del lucio parece ejercer una influencia negativa en las poblaciones de todos los peces afectados y, probablemente, sobre los cebos de río. Los furtivos fueron realmente muy buenos alumnos. Todo ello ha traído como consecuencia la exterminación casi completa de varias especies de peces y, dentro de poco, la de las truchas, ya que las repoblaciones que se están haciendo no parecen ser de ejemplares procreadores, puesto que terminan desapareciendo, a juzgar por el resultado de la Semana Internacional (¡Ja, ja!) de la Trucha en Gradefes y resto del Esla. En consecuencia, nuestros herederos tendrán todo el derecho a maldecirnos por nuestra pésima administración, que con unos medios infinitamente mayores y mejores que nuestros antepasados no hemos conservado ni la vigésima parte del capital piscícola que heredamos, convirtiendo el progreso en degeneración y dejándoles como herencia el caos.

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