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MIGUEL LUENGO
León

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EL ABIERTO de Australia ha probado dos hechos, que el suizo Roger Federer es batible, algo que parecía impensable hasta que el ruso Marat Safin se encargó de demostrarlo, y que el tenis australiano padece la misma agonía que el británico, a pesar de disponer ambos de torneos del Grand Slam. Antes de que el juego diera comienzo en el Centro Nacional de Tenis de Melbourne Park, pocos dudaban de la abrumadora superioridad y diferencia de tenis entre Federer y el resto de los contendientes. Los 11 torneos que ganó el suizo en el 2004, incluidos tres grandes, eran una tarjeta de visita de solvencia. Federer maravilló con su tenis en Melbourne hasta que Safin se cruzó en su camino en semifinales. Era un día feliz para el ruso, que cumplía 25 años y que quería revancha de la final perdida en la edición anterior. Un intento difícil si se tiene en cuenta que Roger llevaba 24 victorias consecutivas ante jugadores situados entre los diez primeros, y 26 desde que perdió el 15 de agosto pasado en los Juegos. de Atenas. Salvando una bola de partido, y encomendándose a todo lo que sabía, Safin logró lo que parecía imposible. Y su victoria fue ponderada incluso por Hewitt. «Ha vencido a alguien a quien parecía imposible derrotar», dijo el de Adelaida sobre el ruso, «y lo ha merecido». Hewitt también comprobó en sus carnes la motivación de Safin para ganar este año, después de perder dos finales, y sumir a un país es un profundo desencanto. Esperaba convertirse en el primer australiano en vencer en este Abierto desde 1976. La Federación Australiana posee unas magníficas instalaciones en Melbourne Park, y un programa de técnicos trabajando intensivamente con los jugadores júnior, pero no logra sacar una raqueta que siga los pasos de Lleyton Hewitt y Mark Phillippoussis. Algo similar ocurre también con el tenis británico. Wimbledon padece también este síndrome. Es el torneo más importante del mundo, pero ningún inglés logra escribir su nombre desde hace casi cincuenta años. Mientras esto ocurre, siempre hay alguien que se aprovecha de estas lagunas, y nadie mejor que el genial Marat Safin para probar que, si quiere, puede llegar a ser el mejor adversario de Federer esta temporada y luchar por el trono mundial. Después de ganar el Abierto de Estados Unidos en el 2000, Safin ya fue número uno del mundo, tiene siempre recuerdos agradables de Australia. Aquí llegó el pasado año siendo el 86 de la lista, después de sufrir numerosas lesiones, y completó una buena temporada acabando el cuarto del mundo.

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