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MARRO
León

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MALOS TIEMPOS corren cuando se hace preciso demostrar lo evidente (José Ortega y Gasset). Mal se presentan las cosas cuando se ha de resaltar lo obvio, que en nuestro luchístico caso es una lucha -identificadoramente- leonesa. Lo antinatural e indemostrable: una Lucha desidentificadoramente leonesa. La amenaza de seguir con un denominado campeonato regional, se cierne un año más sobre la lucha. Y obviamente, haciéndole coincidir con la fiesta (¿) autonómica: para que lo de «regional» se asocie a la región única castellanoleonesa y eluda la consideración de las dos regiones que oficialmente la integran; la de Castilla y la de León. Al tiempo que asociar lo de campeonato regional a la lógica y normalidad de región leonesa, carecería de sentido al existir ya un campeonato provincial. Así pues, nulo reconocimiento de la regionalidad; de la nuestra. A todo se viene prestando el órgano federativo leonés. Se dejan utilizar, se prestan a ser utilizados como «tontos útiles» para la causa castellana. Con la Fundación Villalar al acecho para que no nos desviemos de la ortodoxia castellana (versus heterodoxia leonesa). Y nos sometemos dócilmente ¿Síndrome de Estocolmo o masoquismo... ante esa especie de «Junta de Castiga-León »? ¿Qué exageramos...? Juzguen ustedes. El pasado día 23 llegaba a este periódico desde Valladolid -vía Agencia Efe- una esperpéntica declaración en boca del presidente del Baloncesto Valladolid, a propósito de la distribución de los dineros deportivoautonómicos. Haciéndose portavoz de cuantos clubes han participado en el Convenio, el tal Javier Hernando definió las dádivas como «efecto vertebrador y de cohesión social en el ámbito regional, que nos hará a todos sentirnos más castellanoleoneses». Menos mal que en la sección de Deportes estuvieron muy al quite y puntualizaron clarificadoramente para dejar las cosas en su (justo) sitio: «Poco afortunada valoración que no fue contestada desde los clubs leoneses para recordarle que la comunidad autónoma la componen dos regiones y dos ciudadanías, la castellana y la leonesa». Agravios regionales sin tasa. Y que probarán desde «Homo Sapiens» de forma fehaciente y cuantificadora, fundamentalmente y con rigor, a través de «Quinientas razones...» A la manera como Juan Pedro Aparicio, en otro orden y con un éxito editorial que esperamos se repita ahora, sacó en 1980 su Ensayo sobre las pugnas, heridas, capturas, expolios y desolaciones del Viejo Reino.. . Pues a comprometernos todos editorialmente con la aportación de «razones agraviantes»; compromiso de echar fuera cuanto llevamos cazurramente rumiando. Basta de interiorizar... y silenciar. Exterioricemos reivindicativamente. Una idea. A ver si con el numerito de los devaluados Juegos del Mediterráneo almeriense, la lucha leones se presenta arropada bajo la bandera de Castilla guión León, par así degenerar en una denominación de lucha castellano leonesa o aluche castellanoleonés. Ya mucho más en serio: ¿se toman posiciones ante la posibilidad de los Juegos Olímpicos Madrid 2012, de cara a la comparecencia de la lucha leonesa como deporte invitado o de exhibición? Final. En algunas ocasiones similares -de similar pesadumbre- nos hemos despedido parafraseando al Humprey Bogart de Casablanca : siempre nos quedará el Ademar. Esta vez nos falta moral para hacerlo, dado su «parpadeo autonómico-electrónico» que al parecer crea síndrome y dependencia de tanto parpadear en el Palacio de Deportes. «Castilla y León es vida» ¡Qué ironía! Vital... para los castellanos. Luego el slogan en cuestión, adecuadísimo para que se sienta arropado el Balonmano Valladolid o los baloncestistas del «vertebrador pucelano». Lucha identificadoramente leonesa. Mensaje en esa clave revindicadota, por más que debiera resultar obvio («donde están las cosas sobra contarlas» volviendo a invocar al bueno de Ortega): «Tres signos hay en León/ de leonesa condición,/ las juntas más vecinales/ el concejo más abierto/ y una lucha leonesa/ de leoneses manantiales». Mientras que José A. Llamas, poeta y novelista oriundo de la luchística Ribera del Esla -Vidanes- ha llegado a escribir algo así como que a León sólo le van a acabar quedando dos señas que le identifiquen: el mastín leonés y la lucha leonesa.

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