| Reportaje | A por otra conquista |
Cumpleaños en lo más alto
El montañero Juan Oiarzabal quiere celebrar sus cincuenta años con la conquista de un nuevo ocho mil, una vez superada la grave lesión que le supuso la amputación de casi todos los dedos de los pies

El montañero vitoriano Juan Oiarzabal, a la izquierda, junto al alpinista leonés Jesús Calleja
El vitoriano Juan Oiarzabal, el montañero que más veces, un total de veintiuna, ha subido en el mundo cimas que superan los ocho mil metros de altitud, tiene previsto celebrar sus ya próximos cincuenta años con la conquista de un nuevo ocho mil una vez superada su grave lesión. En una entrevista, el alpinista alavés subrayó que ya comienza a vislumbrar la salida del largo «túnel» en el que se sumió hace un año cuando le tuvieron que amputar prácticamente todos los dedos de ambos pies después de una expedición al K-2 en compañía, entre otros montañeros, de la montañera guipuzcoana Edurne Pasaban. Tras la accidentada aventura en el K-2 que le dejó secuelas importantes, tanto físicas como mentales, el optimismo vuelve a instalarse en la mente del popular deportista vitoriano, que ha aprovechado los últimos meses para impartir una serie de charlas y conferencias con audiovisuales, sobre sus muchas y grandes vivencias montañeras, tanto en España como en varios países suramericanos. Un buen regalo «En el mes de marzo del año que viene cumpliré ya los cincuenta años y un hito tan importante en mi vida lo voy a celebrar con un buen regalo subiendo a un ocho mil, que sería el número veintidós dentro de mi carrera deportiva, aunque todavía no sé qué montaña será la que ascienda en el otoño del 2006», precisó durante la entrevista el montañero Oiarzabal. «Después de los muchos problemas que he tenido en este último año a raíz de las amputaciones en los dedos de los pies, para mí subir de nuevo a un ocho mil, que quizás podría ser el Manaslu en la cordillera del Himalaya, va a ser una prueba muy importante, aunque ya no voy a ser el mismo de antes por tener ya cincuenta años y varias carencias en mi cuerpo», agregó el deportista vitoriano. Los doce meses de sufrimiento y envidia «sana» que ha pasado Juan Oiarzabal, al ver como otros compañeros de fatigas (Juan Vallejo, los hermanos Iker y Eneko Pou, junto con Edurne Pasaban) en varias expediciones al Himalaya y al Karakorum, han servido para robustecer su carácter siempre luchador y lleno de proyectos. «Rabioso» por hacer cosas «Para mí, el hecho de subir de nuevo a un ocho mil en el año 2006 va a ser un gran reconstituyente porque será algo único después de todo lo que he pasado, al tener que aprender a andar sin los dedos amputados y llevar a cabo mi preparación andando muchos kilómetros en bicicleta durante los tres últimos meses», recalcó el montañero vitoriano. Entre los proyectos que quiere llevar a cabo durante los próximos meses, según explicó un Oiarzabal «rabioso» por hacer cosas, figuran la subida al monte Gorbea en Álava, una expedición al Tíbet y otra al Aconcagua en América del Sur, para ya bien entrado el año 2006, coronar las cimas, si fuera posible, de dos ochomiles en el Himalaya. «Tras estos doce meses tan duros que he pasado quiero expresar mi sincero agradecimiento al doctor Juan Gandía, del Gabinete Médico de las instalaciones municipales de Mendizorroza, por todo el gran trabajo que ha llevado a cabo conmigo para lograr que se me cierren las heridas de los dedos de los pies», concluyó Juan Oiarzabal.