Nadal se crece ante Robredo y se medirá a Stepanke en cuartos
Un soberbio David Ferrer se deshace de Mariano Puerta para poder jugar contra Grinepi

Nadal entrega una botella de una asistente sobre la cancha
Rafael Nadal ha vuelto a hacer de las suyas. Tras un arranque demoledor en su duelo con el gerundense Tommy Robredo, mantuvo después un elevadísimo tono para procurarse el camino hacia los cuartos de final del Masters Series de Madrid, donde le espera el checo Radek Stepanek, ganador del argentino José Acasuso por 7-6, 4-6 y 7-6. El de Manacor se impuso a su adversario por 6-2 y 6-4 en una hora y veintiocho minutos. Robredo en modo alguno jugó mal. Al contrario, su trabajo en la pista le habría servido para doblegar a algún que otro top ten, pero el caso es que se encontró con un Nadal incontenible, en vena de aciertos, y el ritmo vertiginoso impuesto por el mallorquín resultó un factor difícil de contrarrestar. Ni el hecho de que el partido se haya jugado en pista rápida restó fuerza y posibilidades a un Rafael Nadal empeñado, como de costumbre, en disfrutar con la suma de puntos. Por momentos, la bola impulsada por el de Manacor viajó a más de 140 kilómetros por hora. Si Tommy Robredo utilizó el riesgo constante como posible sistema para entorpecer el trabajo de su antagonista, lo cierto es que tropezó con un jugador en mejor forma que nunca. Nadal reconoció que tuvo que trabajar a fondo para derrotar a un adversario que le puso las cosas complicadas. Confirmó que para nada se ha resentido de su tendinitis en la rodilla izquierda y dijo también que Stepanek es un tenista muy duro, que seguro le obligará a jugar con más fuerza que nunca. Por su parte, Mariano Puerta, sexto cabeza de serie y subcampeón de Roland Garros 2005, pagó las consecuencias de verse en la pista con un rival superdotado en el aspecto físico, llamado David Ferrer. El alicantino de Jávea superó incluso por momentos a su excelentemente dotado oponente, poseedor de un brazo izquierdo parecido al de un cohete lunar. Puerta, sobre el que planea la amenaza de una suspensión de por vida por supuesto dopaje en París, es de los que maneja su potentísimo brazo para castigar la bola constantemente, enviándola de un lado a otro de la pista. Ferrer, undécimo favorito, padeció el acoso, que no derribo, de su adversario y al final obtuvo como recompensa a su extraordinario esfuerzo el acceso a los cuartos de final del torneo.