Diario de León

Gallardo acaba quinto a codazos

«Podríamos estar hablando de medalla, pero me ha tocado pelear más de lo normal»

Gallardo entre los dos keniatas, momento tras el que comenzó la pelea

Gallardo entre los dos keniatas, momento tras el que comenzó la pelea

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J. A. Diego / O. Marrón - moscú / león
León

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No pudo ser, por poco. Al berciano Sergio Gallardo se le escapó la más que posible medalla en en 1.500 en el Mundial de Moscú en pista cubierta. Iguala en resultado del 2005 en 3.000 porque en el momento crítico de una carrera lenta, muy trabada, llena de codazos y empujones se encontraba por estas razones demasiado atrás, penúltimo casi, para reaccionar. En un rápido final no pudo llegar más allá de la meritoria quinta plaza que obtuvo. Sergio Gallardo firmó un tiempo de 3:43.77 en una carrera que ganó el ucraniano Ivan Heshko en 3:42.08, un ritmo muy cercano al apetecido por el español en vísperas de la prueba. Gallardo cometió errores de colocación y se vio sorprendido, a tres vueltas del final, por el cambio de los atletas kenianos, Daniel Kipchirchir Komen y Elkanah Angwenyi, que intentaron inútilmente dejar atrás a Heshko, mucho más rápido que los dos en el esprint, aunque le acompañaron en el podio. El campeón de España de 3.000 metros se dejó encerrar y en los momentos decisivos de la prueba cayó muy atrás, hasta el séptimo lugar. Su reacción en la última vuelta fue insuficiente para meterse en la pugna por las medallas. El berciano aseguró que había dejado escapar una buena oportunidad de ganar una medalla, porque se sentía con posibilidades. «Es una pena pero ahora podríamos estar hablando de una medalla, pero he tenido encontronazos con el marroquí (Youssef Baba) y me ha tocado pelear más de lo normal. Cuando se ha producido el corte me disponía a ir para adelante, pero Baba se ha empeñado en que no, y justo en ese momento han cambiado». «Es una pena», reconoció, «pero un quinto está bien. Lo que más fastidia era saber que hoy eran totalmente batibles. Si no se hubiera obcecado el marroquí conmigo y yo con él, al final habríamos estado más adelante. Él ha entrado muy descolgado atrás y yo no he podido pelear por nada». Gallardo pensó que la carrera iba a ser más rápida desde el principio, pero los kenianos dejaron la iniciativa a los demás. «Me han dejado a mí tomar las riendas en la primera parte y luego (los kenianos) se han puesto a correr y todos los demás detrás. Había que estar ahí y yo lo he intentado pero hay veces que se tiene suerte buena y esta vez me ha tocado la mala». Así es, a Gallardo lo descolocaron sus rivales dejándole las riendas de salida, hasta que llegó a ir tan despacio que lo pasaron. Sabían que dejarlo ir cuarto o quinto es lo más temible en el berciano y hasta a codazos acabaron relegándolo. Cuando quiso reaccionar no pudo primero y fue tarde después. Pero eso no ensombrece el más que brillante papel de un atleta llamado a hacer grandes cosas con la selección en el futuro. Aguirre, inmensa Por su parte, Naroa Aguirre, sexta en los Juegos de Atenas, volvió a estar, un año después, entre las seis mejores de la pértiga mundial al conseguir idéntico rango en los Mundiales en sala con una marca de 4,50 con la que igualó el récord de España que había logrado la víspera en la calificación. Los 4,55 metros fue una altura inalcanzable para una exhausta Aguirre. España volverá a estar en una final de 800. Juan de Dios Jurado, hizo la mejor marca de su vida para meterse entre los ocho mejores con una soberbia reacción en la última recta. La cántabra Ruth Beitia se clasificó también para la final de altura al superar la marca de calificación, Por último, Concha Montaner se clasificó para la final de un solo salto (6,55), por primera vez en pista cubierta, y a continuación anunció su firme intención de convertirse «en una mujer 7», en alusión a su objetivo de alcanzar los siete metros este mismo año.

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