España acalla todas las dudas

La exhibición ante Ucrania confirma que Aragonés tiene una selección con personalidad

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Jon Agiriano - kamen
León

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El gran partido de España en Leipzig ha tenido el efecto esperado. De la incertidumbre se ha pasado a un optimismo de diversa graduación en la escala de las emociones y, sobre todo, a un estado de satisfacción general por el juego de la selección, el mejor que se ha visto en el Mundial. Las cosas como son: ni Brasil, ni Alemania, ni Holanda, ni Inglaterra, ni la República Checa -a pesar de su 3-0 a Estados Unidos-, ni siquiera una Italia, que dejó una excelente impresión en su primera parte ante Ghana, han estado al nivel de España, que ha empezado como un ciclón. Los paisanos de las tierras de Westfalia donde se encuentra alojado el equipo de Luis Aragonés, que este jueves celebraron la fiesta católica del Frohnleichnam, felicitaban a los periodistas españoles. Hacían gestos de admiración y levantaban el pulgar en señal de OK. «Spanien sehr gut», decían. (España, muy bien). Es cierto que estaban contentos tras haber ganado a Polonia en una nueva demostración de su ilimitada perseverancia, pero su reconocimiento al fútbol de España era muy sincero. Al fin y al cabo, por mucho que este país lleve treinta años de travesía del desierto, confundiendo los mecanismos del fútbol con los de la máquina-herramienta, no deja de ser el país de Beckenbauer, Overath o Gunter Netzer. Por cierto, el que fuera centrocampista del Real Madrid en los 70 ha adquirido con los años un inquietante parecido a El Fari, lo que no le impide ejercer de comentarista estrella de la televisión alemana. Los elogios tras la goleada a Ucrania han recaído, sobre todo, en futbolistas como Xavi Hernández, cuya recuperación ha sido providencial para España, Senna, Puyol o Fernando Torres, cuyo despliegue físico está siendo espectacular. El Niño, como le sigue llamando el seleccionador, acaba los partidos con una frescura que resulta insultante para sus rivales. Aparte de que es un magnífico atleta, se nota que no se ha desgastado demasiado esta temporada con el Atlético. Además de a los futbolistas, la ovación a Luis Aragonés también han sido cerrada. Y no es para menos porque, tras lo visto el miércoles en el Zeltralstadion de Leipzig, el sabio de Hortaleza ha salido muy reforzado. Su elección del once inicial y su trabajo táctico con los jugadores elegidos han sido perfectos. España pareció siempre un equipo hecho, con todos los automatismos activados y capaz de jugar de memoria variando la apuesta básica del 4-3-3 hacia un 4-1-2-3 o hacia un 4-3-1-2 según el momento y las circunstancias. Tratándose como se trataba de un once inédito, la cosa tiene su mérito. El primer acierto ha tenido que ver con su apuesta por un modelo de juego pensado para explotar al máximo la mayor virtud de esta selección, su gran factor diferencial respecto a las demás selecciones: su toque. Lo cierto es que, más allá de sus canas y de sus dichos castizos de la época en la que había piperas en la calle Montera, el seleccionador ha dado un ejemplo de modernidad. Ha sido inteligente al comprender que, si esta selección, acostumbrada a volver de cada torneos con un nuevo estigma, tiene posibilidades de competir, éstas pasan por ser fiel a su naturaleza.

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