| Crónica | La gran expectación |
«Quiero dejar bien claro que esto no es otro caso más de dopaje» Y Landis estaba dentro
El norteamericano se aferra, en su rueda de prensa, al alto nivel de testosterona que produce su cuerpo Más de 50 periodistas se agolparon a las puertas del Hotel Miguel Ángel para escuchar las explicaciones del

Landis, durante de la rueda de prensa que ofreció ayer a los medios
Floyd Landis dio la cara. Lo hizo en Madrid, donde se refugió, para negar al mundo entero que se dopara en la gran etapa de Morzine, mítica en principio por el espectáculo dado y ahora por ser el punto negro de su vida deportiva. Landis aseguró que jamás ha tomado productos prohibidos y que ese análisis sólo demuestra que tiene los niveles de testosterona-epitosterona más altos de lo normal. La causa de este «fallo», dice, está en su cuerpo, que las produce en cantidades fuera de lo común. El corredor de Phonak se mostró sereno. Estaba acompañado de dos abogados, Luis Sanz y José María Buxeda, expertos en la defensa de deportistas acusados por dopaje. El primero defendió a Aitor González; el segundo, a Roberto Heras. Ahora llevaran el caso de Landis ante la Unión Ciclista Internacional (UCI). El corredor leyó, en primer lugar, un comunicado en el que negaba lo esgrimido por el Tour y la UCI: «No es dopaje. Es un resultado fisiológico». Defendió su victoria en el Tour, que fue una consecuencia «de muchos años de entrenamiento y de mi absoluta dedicación a este deporte». «Fui el mejor y me lo merecí», apostilló. Se someterá a todos los controles que sean necesarios para demostrar su inocencia. «No sólo en el Tour, sino en el resto de mi carrera deportiva, la relación de testosterona y epitosterona son absolutamente naturales y producidos por mi propio organismo», indicó. Fue la única mención clínica del corredor, quien dejó que sus letrado explicarán el entresijo legal y médico en el que se va a sumergir a partir de ahora. Contraanálisis positivo Uno de los abogados de Landis, Luis Sanz, explicó que la prueba B dará las mismas tasas disparadas que la primera muestra. Este contraanálisis se realizará en París, donde se analizó el contenido del frasco de orina del americano. Sin embargo, los letrados ponen en duda el sistema usado por el laboratorio francés. Es el único en el mundo que utiliza el sistema Irms, el cual permite obtener la masa molecular de cualquier compuesto, para detectar si la testosterona es endógena (propia) o exógena (inyectada). Sanz insistió en que el Laboratorio Nacional de Francia ofrece «pocas garantías» sobre su fiabilidad en la distinción entre los dos tipos de testosterona. «Estamos hablando de cosas que tenemos todos, no en esas cantidades porque no somos deportistas de elite», explicó el letrado. Los estudios endocrinológicos, que se realizarán en dos laboratorios de Estados Unidos y Europa, demostrarán que Floyd Landis, según su abogado, produce la ya famosa sustancia de forma natural. Sin embargo, el corredor de Lancaster nunca antes ha pasado este examen ni tampoco ha dado, en categoría amateur o profesional, unas tasas más altas de lo normal. «A lo mejor teníamos que haber presentado un informe al Tour de Francia», se justificó ayer el abogado. Agradecido a Sastre y Pereiro Mientras su abogado explicaba las cuestiones médicas, Landis escrutaba la sala. Cualquier movimiento suyo era fotografiado por decenas de cámaras. Sólo abrió la boca para hablar sobre ciclismo y sus competidores en la principal carrera del mundo. Se mostró agradecido por las palabras del ciclista gallego Óscar Pereiro y del también español Carlos Sastre, que quieren beneficiarse de la posible descalificación del americano. «Son grandes amigos, respetados por mí y por el pelotón. Me honran sus palabras», señaló el corredor en la rueda de prensa. Sólo una vez, además del comunicado, el ciclista del equipo Phonak hizo referencia a su positivo. ¿Por qué en la etapa de Morzine? «A mí también me extraño ese día. Sólo puedo decir que lo di todo y que el día anterior no iba a tope», explicó. Fue su único momento de duda en toda la comparecencia. Ahora espera que los otros seis controles que pasó en la ronda gala refuercen sus tesis. La batalla de Landis no ha hecho mas que comenzar. Todo había sucedido muy rápido. La confirmación de que Landis era el nombre del supuesto ciclista dopado en la 17ª etapa del Tour de Francia, nada menos que el campeón; el terremoto que provocó en todos los sectores del ciclismo; el aviso, la mañana del viernes, de la comparecencia pública que haría el norteamericano en el hotel Miguel Ángel. A la hora señalada, todos los medios de comunicación ya se encontraban esperando al ciclista. Más de 50 profesionales de la información esperaban con sus cámaras a la entrada. La expectación no era conocida por todos: ¿Qué pasa aquí?, preguntó una viandante. La respuesta fue que allí iba a tener lugar una rueda de prensa de Landis. Ella siguió camino, no sin antes explicárselo, a su modo, a su marido: «Nada, una rueda de prensa de Melendi». Alemanes, italianos, norteamericanos, franceses, españoles por supuesto..., nadie quiso dejar de escuchar las explicaciones que el menonita quería dar sobre su supuesto dopaje. Todos aguardaban en la entrada principal su llegada en un coche, se preparaban para salir a la carrera... Conversación en el hall Nada más lejos de la realidad. El hombre más buscado del día se encontraba en el hall, tranquilamente sentado en un sillón blanco, entre un busto del Rey y un retrato de Michelangelo Bounarroti, hablando por el móvil. Menudo, rala barba rubia, camisa blanca y gorra con la visera para atrás, su aire de absoluta despreocupación no se correspondía con el de un hombre al que se le supone culpable del uso de sustancias prohibidas para mejorar el rendimiento deportivo. Alguien dio la voz de alarma. Carreras, gritos, empujones. Todos los micrófonos, grabadoras, cámaras fotográficas y de televisión del mundo, que segundos antes molestaban la entrada de los clientes, rodearon al aún corredor del Phonak. Éste siguió hablando por teléfono, pero a los periodistas que lo acosaban no les dijo ni palabra. Alfombras, folletos publicitarios y papeleras volaron por los aires al paso de la comitiva, que se dirigió a la sala donde estaba programada la rueda de prensa. Casi 20 minutos después de lo anunciado, Landis hacía su entrada y se sentaba frente a una nube de micrófonos. El espectáculo podía ya comenzar.