LA RESACA
Todo fue un sueño
LA EUFORIA desatada después del interesante Tour que acaba de terminar y las ilusiones recobradas por la afición, de nuevo entregada, y por los propios corredores y organizadores, que pudieron comprobar que no sólo de dopaje vive el ciclismo, han caído de nuevo en el pozo de la mayor lacra del deporte en general y del de la bicicleta en particular, que recibe otro golpe de K.O que le devuelve a la lona de la duda y del escándalo. El Tour salvó un clarísimo match ball en aquel prolegómeno oscuro de Estrasburgo, cuando las figuras fueron fulminadas por la organización en nombre del código ético. Luego, la carrera demostró que podía hacer feliz a su planetaria clientela sin los nombres de alta jerarquía. Entonces, sin estrellas, con actores de reparto, se vivieron unas jornadas emocionantes, atractivas, se decía que volvía el ciclismo de antes, nadie preguntaba por la media de velocidad, y sobre todo, en los controles por sorpresa, «todos aptos». Las jornadas en Pirineos y los Alpes demostraron que los ciclistas eran humanos, y que un día se podían encontrar, «súper», como dicen los franceses, y al siguiente eran carne de humillación, víctimas de tremendas pájaras. Todo era ilusión, ganas de vivir, aunque sólo fuese por unos días, una carrera limpia y deportivamente competida, lejos de la reciente dictadura del legendario Lance Armstrong. Luego, en los Alpes, Landis ofreció en 24 horas todos los componentes que han hecho grande a este deporte en toda su historia. Un día se pierde en las rampas de La Toussuire y al siguiente, camino de Morzine, obliga a desempolvar calificativos de la época de las carreteras de tierra. ¡Qué ilusión, ciclismo de verdad¡. La contrarreloj de Montceau se vivió hasta el último metro, aunque Landis impuso el pronóstico. Y en París, la fiesta, el homenaje a un campeón «de verdad», humilde, menonita, de vida intachable hasta los 20 años, cuando apenas había salido de la granja familiar. «Quería conocer el mundo exterior», dijo en más de una ocasión. Tan sólo 4 días después de la hemorragia de regeneración que sufrió el ciclismo, con los apestados Ullrich, Basso, Mancebo, y casi todo el Astana de Saiz a buen recaudo, es decir, fuera de la competición, el castillo de mondadientes que se había construido a base de ilusión por un nuevo tiempo, se hunde de un soplido, de un golpe de K.O.