DESDE LA GRADA
Y a un punto de Primera
EN ASUNTOS de fútbol es muy fácil opinar a balón pasado. Por eso, al margen de la holgada victoria frente a la Unión Deportiva Las Palmas, ni la grada ni el banquillo blanquiazul deberían caer demasiado pronto en el ejercicio de la demagogia autocomplaciente. El crédito de los triunfos debería servir para pulir más de un defecto que arrastra el equipo. Me hierve la sangre cuando se encumbra a los jugadores más «mentirosos». Y si hablamos de «mentirosos», el prototipo lo abandera eventualmente el argentino Raponi. Por mucho que encandile al aficionado común. Tal vez por esa pinta suya de contorsionista algo descoyuntado que apunta al desequilibrio permanente. La cruda realidad es que casi no se va de nadie. Se pasa dos «praos» sobando y pisando el balón. Apenas encara porque juega siempre mirando al guardameta contrario con la espina dorsal y tampoco es una maravilla cerrando en defensa. Pichi Lucas tendrá sus razones para otorgarle el aval que le otorga en detrimento de un jugador que ha demostrado mucho más su habilidad para llegar a la línea de fondo y centrar con solvencia como es Asier Salcedo. Y tal vez en unas semanas haya que otorgarle la razón. Pero por ahora Raponi debería ser uno de los candidatos al relevo en busca del equipo más compacto posible. Aunque el bloque del sábado volvió a mostrarse ordenado en defensa y solidario en las coberturas. Pero mucho más apocado en ataque que frente al Numancia, a pesar de la goleada. Sólo Fran deleita con su alta calidad en las contadas, pero letales llegadas a la línea de fondo o en esas diagonales -como la del gol de Raponi- que destartalan a la zaga más rocosa. Y sin embargo, el público ruge: ¡¡Gille-Guille!!. Otro tipo más simpático que efectivo que sigue viviendo popularmente del hat-trick de una remontada épica frente a la Cultural que nadie acaba de olvidar. Donde no se conoce la especulación, en cambio, es en el centro del campo. A Borreguero puede ir encargándosele un monumento en forma de pulmón por su brega. Pero también por su ponderada calidad. Nos faltará un Kaká, y es posible que a lo largo de la temporada se eche de menos, pero la Deportiva acumula este año una colección de centrocampistas de corte defensivo dotados para el control que algún grande de Segunda ya quisiera para sí. Jotha es un complemento excelente para Borreguero, pero en la misma medida que Úriz, Gorka, y por lo poco apuntado, que Nacho. En esa zona no se preludian problemas. Lo mismo que por la banda izquierda, con un Fuentes hipercompetitivo, rindiendo a un nivel casi tan estupendo como el de Bornes. En cambio, parece mejorable el rendimiento del otro dúo. El de un Chupri que sigue perdiendo la brújula cuando traspasa la línea del medio del campo, y el de un Debris, que pese a la adaptación que experimenta, sigue dejando demasiado tiempo para pensar al delantero rival. Arriba, ni aún con Rubén Vega en fase de recuperación, parece demasiado diáfano quién debe integrar la pareja atacante. La duda es si cabe confiarse más a la calidad técnica de Diego Ribera o a la pegada muchísimo más tosca de Risso. Y a todo ésto, entre tantas reflexiones, ya no estamos a tres puntos de Primera como decíamos dos semanas atrás, sino a uno. Aunque quizás sea más sensato pensar en los cuatro que en realidad se han ganado frente a Las Palmas, si es que -ojalá no- tenemos que jugarnos el regreso al infierno de la Segunda B con los canarios.