Un deporte que toca madera
L a luch a po r e l triunfo entre Vinokourov y Valverde ha devuelto la s mirada s haci a una actividad en crisis El sueño de los Campos Elíseos del kazajo todavía tendrá que esperar
Vinokourov fue el vencedor de una cita emocionante y con alternativas
La Vuelta a España dejó un buen recuerdo con el triunfo del kazajo Alexandre Vinokourov, superior en su duelo con Alejandro Valverde, y regaló tres semanas de buen ciclismo con emoción hasta el último día, aspectos que ayudan a recuperar la credibilidad de un deporte inmerso en las consecuencias del dopaje, las cuales deben ser sujeto de profundo análisis, sin caer en el olvido, a fin de salir del kilómetro cero hacia un futuro mejor. La Vuelta tuvo todos los ingredientes para disfrutar del espectáculo del ciclismo en su máximo esplendor. Nombres ilustres del pelotón apuntaron en los triunfos de etapa, el maillot oro tuvo seis dueños, y sobre todo, la figura de Valverde levantó de la siesta a los españoles en su lucha con Vinokourov. En definitiva, una carrera espectacular que colmó los deseos deportivos de los organizadores. Algo similar sucedió en el pasado Tour. A pesar de un convulso comienzo que puso en la calle a las principales figuras, deportivamente enganchó a la afición y se hablaba de un bálsamo para el ciclismo, que había vivido en unas cuantas jornadas toda su carga épica, demostrando que sin estrellas el negocio también funciona. Luego llegó el positivo de Landis y el enésimo retroceso al desván. Las hazañas contadas del estadounidense no eran más que un espejismo. Sin necesidad de sospechar que el desenlace de la Vuelta sea el mismo -de momento todos los controles han arrojado resultado apto-, la realidad debe ser afrontada por todos los estamentos del ciclismo, con ganas de enfrentarse a la realidad, de hablar claro, de evaluar consecuencias y de marcar cuál debe de el camino de un deporte que precisa cirugía de urgencia. Los síntomas y consecuencias no son para menos. Dos equipos se despiden esta temporada, el decano Comunitat Valenciana y el Phonak; los patrocinadores huyen, la Vuelta se quedó sin el suyo a raíz del caso Landis; las grandes figuras como Basso, Ullrich y Heras están inmersos en la zona oscura del dopaje, algunos ex compañeros de Armstrong aseguran que consumieron EPO antes del famoso Tour de 1999 y la Operación puerto sigue pendiente. Si a todos estos factores se une que las escuelas de ciclismo infantil están cerrando por toda España y que muchos padres no quieren que sus hijos sean ciclistas, la conclusión es que algo muy grave está sucediendo y que se precisan medidas rápidas y concluyentes. Organizadores, directores, corredores y médicos están llamados a poner lugar, día y hora para mirarse a los ojos y decidir la vía apropiada para quitar la respiración asistida al ciclismo y que vuelva a respirar por sí mismo. Cuando las partes implicadas vean los índices de audiencia, se darán cuenta de que la reunión apremia. «Un antes y un después» «Hay un antes y un después de este Tour, el ciclismos está herido de muerte», dijo el director del Illes Balears, Eusebio Unzue en julio. «Si se aplica el código ético tendría que salir Leblanc - director del Tour- en bicicleta», abundó el corredor Paco Mancebo. Un reconocimiento que resume lo que se cuece en la trastienda del ciclismo actual. Lejos de recientes euforias y de espectáculos convincentes protagonizados por los Vinokourov y Valverde en la Vuelta, el ciclismo debe vivir estos pequeños momentos de gloria, aunque debe mantener «las antenas puestas», como comentó el director de Vuelta, Víctor Cordero. Antes de que se vuelva a establecer la clasificación definitiva en los pasillos de un laboratorio o en las escaleras de un juzgado. El ciclismo toca madera.