Cuestión de principios... y de dignidad
LO MÁS AMARGO de las frustraciones y decepciones que reflejábamos hace un par de semanas, lo constituía la amargura en el mensaje con que cerrábamos en cuanto a que el ciudadano acaba por tener lo que se merece cuando el nivel de concienciación (identitario, regional y en definitiva social) es tan bajo. Penuria que marca, decepciona... y frustra. Pues ante ello, ante todo el luchístico panorama frustrado y frustrante -estado de frustración- no es de extrañar que los cuatro idealistas sueltos y por libre que resistimos en Cazurrandia nos veamos obligados un tanto a «sobreactuar para compensar». En nuestro caso -luchístico caso- yendo directos en los análisis, sin subterfugios ni eufemismos: en eso radica lo que algunos consideran pluma destructiva y viperina. Choca al parecer que alguien llame a las cosas por su nombre, sin circunloquios y a lo vivo. Bien que con calificaciones respetuosas en lo personal, sin descalificaciones personales y de entrada «sin afanes polémicos» que diría el colega columnista Martín (Lamberto E.), pero también sin rehuirlos. Luchísticaleonesamente comprometidos, reivindicativos y beligerantes siempre. Una cuestión de principios. Allá cada cual. Otros se venden o se entregan servilmente ( «las plumas compradas/ a Dios jurarán/ que el palo es regalo/ y las piedras pan» ). Que servilismos los hay en todas partes. El tituladamente leonés Grupo Aguzo programa «Pasacalles y Misa Castellana» ¡castellana nada menos!, lo que hace que cobre todo su sentido aquello que publicábamos el 19 de abril en torno a esta agrupación: «Qué ejemplo de dignidad el de Manuel-Abilio González Hernández, presidente de la Asociación Cultural Aguzo -Bailes Regionales de León- que hace un año tuvo claro hacer pública su dimisión «por estar en desacuerdo con la participación del Grupo en la Fiesta Castellana de Villalar, figurando en nuestros estatutos, como fin de la asociación, la defensa de las tradiciones leonesas, no creo que sea en dicha celebración donde mejor se realice esto, ya que como todos sabemos, desde la Fundación Villalar lo que se pretende precisamente es hacer desaparecer todo lo que suene a León, falseando nuestra historia, convirtiendo, como por arte de magia, cosas genuinamente leonesas en castellanoleonesas o simplemente castellanas». Y por nuestra cuenta apostillábamos tras el concluyente pronunciamiento del bravo Manuel-Abilio: pues verbigracia «el aluche castellanoleonés». En cuanto a la declaración en sí del ex presidente de Aguzo, ya saben, cuestión de principios. Y de dignidad. Cualquier día los del servilismo nos sorprenden (¿) con una «misa castellanoleonesa». Pero no es preciso desviaros de la decadente, crepuscular y entreguista lucha leonesa para constatar esta realidad de una sociedad leonesa claudicante: una ciudadanía «encazurrada». Entreguismo -y pasotismo- ad nauseam , ante la indiferencia generalizada. No se trata de tremendismo apocalíptico. Tomemos, a la guisa de ejemplo, el componente más de futuro de la L.L.: la lucha de base, y extensiva a la -inexistente como tal- lucha femenina. Ni se estimula ni se motiva a los chavales en sus competiciones de verano: muy escasas y muy escasamente difundidas, demasiado improvisadas en cuanto a emplazamiento/instalaciones y demás, sin arropamiento del público, consecuente desangelamiento ambiental... Y mucho nos tememos que, de cara al curso escolar, planteamientos similares -rutinarios- a los de los cursos anteriores y la cantera -el futuro- que se extingue. ¿Escuelas de Lucha en serio (y en plural), premios en forma de becas de estudio, concentraciones/convivencias...? Y en los demás órdenes, todo cuanto venimos criticando -análisis crítico- a lo largo de la temporada de verano. Protagonizado por una federación que propende, casi como objetivo prioritario, a la exigencia recaudatoria de nada menos que 4.000 euros de presupuesto (premios y tasas/ gastos/ derechos federativos) para el nivel más bajo de corros. Y a cuyo rebufo se propicia que los sujetos federativos «se beneficien» generosamente. Lo único, por tanto, que no resulta subdesarrollado y arcaico en este menguante «aluche de la boina». Todo lo demás extrapresupuestario, anclado en los rudimentos y la ramplonería. Así pues, menos talante (aluchero) y más talento (luchístico). De ahí que ante el mantenimiento de los esquemas del ente federativo, el único antídoto para superar lo alucheramente rudimentario y ramplón, sea precisamente cambiar los esquemas actuales en cuanto a captación e impulso «con operatividad al margen de la oficialidad». Con su consecuente montaje de otras competiciones no oficiales, con otros presupuestos no oficiales, con otros árbitros no oficiales, con otros colaboradores no oficiales. Ejecutores y ejecutivos desde la marginalidad oficial. Extraoficialmente. Todo sea por frenar la deriva de una lucha leonesa... a la deriva.