Recopa de Europa
A la final... con un par (30-23)
Con el reloj a cero, un penalti de Stranovsky hunde al Zagreb y lleva al Ademar a la final En resumen: Lo mejor |

Quedan apenas treinta segundos de partido. El Ademar ataca en busca del gol que le falta para sumar los siete de renta que necesita para pasar a la final de la Recopa de Europa. El tiempo se desgrana segundo a segundo. Los 5.000 aficionados leoneses no respiran. Los sesenta seguidores croatas del RK Zagreb tampoco. Sus corazones laten acelerados. Los puños se aprietan. Todo el banquillo del Ademar se arremolina en la línea divisoria conteniendo a duras penas los deseos de saltar a la pista. Los segundos siguen cayendo. El final se acerca. Miradas cargadas de angustia se dirigen a los marcadores. El balón llega al pivote leonés Héctor Castresana, incrustado en el centro de la defensa croata. Coge la bola a una mano, se intenta dar la vuelta como un rayo pera encarar la portería rival y se va al suelo acompañado de su defensor. Penalti claro a favor del Ademar. Quedan tres segundos, el tiempo expira y suena el bocinazo final. Con el reloj a cero el Ademar tiene en su mano el billete que le lleva directo a la gran final europea. Depende de sí mismo. Con decisión, el extremo eslovaco, Martín Stranovsky, se dirige a la línea que marca los siete metros. Coge el balón con fuerza, se lo pasa repetidamente por las manos para insuflarle tal vez un mensaje secreto: «Tienes que entrar, tienes que entrar», le dice mentalmente. El joven eslovaco de 21 años se cuadra en la línea. Lanza y... ¡¡¡Goooooolll!!! gritan más de 5.000 gargantas al unísono. La grada es un retumbar de gritos y de gente saltando con los brazos al cielo. El Ademar lo ha conseguido. Hace una semana había perdido en Zagreb (26-20) y precisaba seis goles, siete al final porque los balcánicos habían superado sus veinte tantos. El luminoso marca 30-23. Ahí están los siete goles. Misión cumplida para Manolo Cadenas y sus jugadores. De esta forma, entre lo heroico y lo grandioso, consiguió ayer el Ademar el billete que le lleva directamente a disputar la final de la Recopa de Europa ante el Hamburgo alemán. Un billete por el que nadie dió un duro durante muchos minutos pero que gracias a un arreón de coraje, corazón y fe en que se podía conseguir, dio alas a los leoneses y llenó de plomo los brazos y las piernas de los jóvenes jugadores croatas. Fueron muchos minutos previos de desesperación y de ver como la final se alejaba. El Ademar salió entonado. Entrerríos marcó apenas comenzado el partido y las cosas invitaban al optimismo. La defensa funcionaba y los croatas tardaron casi cinco minutos en marcar su primer gol. Sin embargo, el ataque estático del Ademar empezó a griparse muy pronto y el 1-4 del Zagreb en el minuto nueve pintaba el panorama con negros nubarrones. Jurca, el lateral rumano del Zagreb era un martillo pilón que machacaba sin piedad la portería leonesa. Sumó seis goles en el primer periodo, bien secundado por Bicanic, el otro artillero del RK Zagreb. Pasan los minutos entre un toma y daca de ambos equipos con el marcador moviéndose en márgenes muy estrechos. Pero al Ademar eso no le interesa. La garra de Krivoshlykov insufla ánimos al equipo pero no es suficiente. Un gol de Claus Jakobsen a cinco minutos del final vuelve a dar al Ademar el mando en el marcador: 11-10. Una ventaja muy corta todavía. Garralda se estrena y da al Ademar la máxima ventaja para irse al descanso: 13-11. Los números no cuadran. El Ademar confiaba en marcharse al vestuario con un mínimo de tres goles arriba pero no ha podido ser. Aún así, a tenor de lo que se vio sobre la pista es un buen resultado. La segunda arranca bien: el martillo Jurca y Aginagalde marca acto seguido. Bien. Tres arriba. La grada se calienta pero Bicanic la enfría. Fallos incomprensibles a bocajarro impiden al Ademar irse en el marcador. El central Horvat empata a 18 en el minuto once. Vuelta a empezar y cada vez menos tiempo en reloj. El equipo empieza a mirar nervioso los marcadores. Para complicar las cosas, una discusión entre Saric y Toskic acaba con los dos expulsados por roja directa. Y cuando todo parecía aliarse en contra del Ademar, la mano invisible de los hados hizo que todo cambiase. Alilovic salió y empezó a parar casi todo lo que llegaba a su portería. Los ataques de Ademar acaban en diana uno tras otro. Claus, Héctor, Morros, marcan. Los nervios hacen cometer errores y perder balones fáciles a los croatas. El Ademar les respira en la nuca. La diferencia es de seis goles. Ataca el Zagreb y un gran Alilovic para otra vez. Queda medio minuto. Sale Aginagalde. Jugamos sin portero. Penalti a Héctor. Martin marca. Final feliz. Un guión escrito a la medida de un partido épico. Se lo merecían.