Diario de León

Fútbol | Copa del Rey

El Sevilla se pasea y a la final

Dos golazos de Duda y Chevantón acabaron por la vía rápida con un Dépor lánguido

El brasileño Duda es felicitado por su compañero Alves

El brasileño Duda es felicitado por su compañero Alves

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P. Leyva - sevilla
León

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Seis días después de clasificarse para su segunda final consecutiva de la Uefa, el Sevilla selló sin despeinarse su pase para el duelo decisivo de la Copa del Rey, donde no estaba desde hace 45 años y seguramente se medirá al Barcelona en el Santiago Bernabéu. Igual que en Riazor, el Depor no fue rival para un soberbio rival que le endosó un global de 5-0 y no pareció acusar la derrota liguera en el Bernabéu. Cuando un equipo como el Sevilla está tan cuajado que juega de memoria, brilla hasta en los entrenamientos. Resuelta la eliminatoria desde el 0-3 de Riazor, por más que Juande Ramos enfatizase la víspera que una final de Copa no se alcanza con la gorra, andaluces y gallegos se lo tomaron como un trámite. Salieron plagados de suplentes y metieron un par de marchas menos. Si algún iluso deportivista quería creer en el milagro, su ejercicio de fe duró dos minutos, lo que tardó el portugués Duda en clavar una falta directa por la escuadra. También mereció pagar el precio de una tribuna por la segunda diana hispalense, firmada por Chevantón. Minutos antes había perdido un claro mano a mano con su compatriota Munúa, que le aguantó en pie como hacen los buenos guardametas sudamericanos, pero se desquitó a lo grande. Recibió un pase más de Alves al borde del área e hizo un movimiento extraordinario. Dejó pasar el balón entre sus piernas, hizo un caño al brasileño Filipe y la cruzó con sutileza. Entre un golazo y otro, el joven Cristian pudo empatar en una falta que estrelló contra la escuadra. Ciertamente, fue lo único destacable en el primer tiempo de un Deportivo blando, lánguido, penoso. Si uno llega de otro planeta y ve a un equipo con esta falta de carácter, no se cree que Caparrós sea su entrenador. La historia del choque se centraba ya en el movimiento en los banquillos, en el esperado estreno del central argentino Fazio, quien se foguea en el filial y entró por un renqueante Escudé. También, ya en la segunda mitad, a la vuelta de Bodipo, un sevillano que triunfó en el Recreativo, recaló luego en el Racing y se destrozó la rodilla hace casi ocho meses, recién llegado a La Coruña. La noche se cerró entre los cánticos de una afición local que cumple un año de fiesta continuadas, las ocasiones malogradas por Chevantón y un paradón de Palop a disparo lejano.

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