Diario de León

Publicado por
DOMINGO SHANKLY
León

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PARECE una expresión peyorativa, pero el fútbol de patio de colegio encierra también alegorías de frescura, de regates inverosímiles de remates como centellas, de punterazos exquisitos. Ninguna de ellas, sin embargo, tiene que ver con el fútbol de patio colegial que practicó la Deportiva el pasado sábado, evocador casi exclusivamente de aquellas melés interminables y polvorientas entre las que el balón se podía pasar extraviado casi todo el recreo. Y fue una pena, porque el nuevo tándem técnico acertó posicionalmente con la colocación cosiditos a las bandas, unas veces de Raponi y otras de Ramón Pereira. Pero cuando un equipo no es capaz en toda la primera parte de realizar un mísero cambio de juego -casi ni intentarlo- es verdaderamente imposible que el dibujo resulte efectivo. Y en eso tiene también mucho que ver la incapacidad de Nacho para sacar el balón higiénicamente y bien jugado desde la línea de cal. La Deportiva -hay que tener el cuenta que el rival era el Murcia- operó una vez más sin centro del campo. Con un Rubén Vega tan mal colocado como desacertado técnicamente y un Borreguero impotente -pese a su sacrificio innegable- ante una medular grana con tanto oficio como calidad. En lo que sí reaccionó el equipo fue precisamente a la hora de sacar el orgullo y la casta. Muy lejos de la actitud desidiosa mostrada tanto contra el Málaga como contra el Vecindario, que tanto exasperó a la afición. Ahí, en la pelea, es donde brillan Nacho, Borreguero o Alexandría, que arropados por las gotas estupendas de calidad de Fran o de Cifuentes -a veces de Nabil- logran una comunión con la grada que por si sola merecen el precio de la entrada al Toralín. El sábado no hubo reproches ni para Bornes, que esta vez sí, acudió el primero al centro del campo a agradecer el apoyo de la hinchada blanquiazul al concluir el choque. Una hinchada que pese al sufrimiento sigue manteniendo lo mejor del espíritu colegial, un ánimo, una naturalidad y sobre todo una dignidad que se merece aunque sólo sea un cambio de juego por cada cuarenta y cinco minutos. Para que lo poco que ha cambiado desde la era Pichi, jugadores pegaditos a la banda en formación de ataque, depare algún resultado positivo.

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