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MARTÍN
León

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E L SÁBADO de la semana pasada pue de muy bien pasar a los anales del tiempo como sábado de gloria. De gloria deportiva. Porque en él se gestaron logros muy importantes. Porque todos los resultados de los equipos de la capital fueron sobresalientes, uno -el ascenso del Climalia- con matrícula de honor, otro -el de la Cultural- se queda tan solo en aprobado. Pero en el conjunto de la jornada puede que marque un hito suficientemente importante para ser recordado. Baloncesto León, con un Palacio abarrotado, enfervorizado, afición consciente de lo mucho que estaba en juego y de lo difícil que había sido llegar ante ocasión tan singular, no dejó que, como en veces pretéritas, esa gran ocasión pasara de soslayo. Un ambiente excepcional, un equipo totalmente concentrado en el logro, una dirección técnica impecable, una afición jugando, y mucho, su baza en el partido. El resultado lleva, envuelto en el celofán de la victoria, nada más y nada menos que el retorno a la ACB después de siete largos años de un peregrinaje por los pedregosos caminos de la LEB. Triunfo del equipo, triunfo de la afición, éxito de Gustavo Amanzana, el entrenador que ha sabido llevar a lo más alto, por segunda vez, al Baloncesto de León. A trabajar mucho y bien para que no vuelva a repetirse la caída en el vacío del descenso. El Ademar logró otro hito importante. Venció, y convenció, a todo un Pórtland que se jugaba en León las últimas posibilidades de conquistas la Liga. Un recital, particularmente en la primera parte, del juego clásico de Ademar, ese que lleva la lucha, la garra, la velocidad, la entrega como armas esenciales para derribar «fortalezas». Un ejemplo claro de la profesionalidad y sentido de la deportividad dado por quienes jugaban o dirigían el último partido, sobre la cancha del Palacio, defendiendo los colores y las siglas Ademar. Una entrega y una profesionalidad que no suelen darse en otros deportes. Con la victoria, el Ademar toca ya con los dedos de la mano, la cima de la Copa de Europa, por su clasificación en el tercer lugar de la clasificación. Y no digo ha llegado a la cima porque todavía queda la improbabilidad de perderlo en la última jornada pero - y el pero es mucho pero- para ello tendría que perder ante el Arrate y el Barcelona ganar en Ciudad Real al ya flamante campeón de Liga. Posible, pero poco probable. La guinda a la tarta del cincuentenario (metáfora aquí muy usada) puede ser la conquista del tercer lugar de la tabla. La Cultural que jugaba a la misma hora que Ademar -de ahí la inmensa soledad, el desconsolador vacío en las gradas y tribuna del Estadio Amilivia- cumplió con un simple aprobado su cita con el Real Oviedo en un partido en el que, afortunadamente para la Cultural y desafortunadamente para el Oviedo, no había nada en juego. La Cultural conserva la categoría y el Real Oviedo -¡quien te ha visto y quien te ve!- se hunde en la sima profundísima de la Tercera División. Ver, constatar y tomar buena nota¿

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