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«Que lo fiche la Cultural»
Eto'o emociona en León. El astro muestra durante su visita a la ciudad su lado más humano y solidario. Cientos de aficionados acuden al acto organizado por el Diario de León y Pisorama en el que resp

Los niños leoneses hacen cola en el Palacio de los Guzmanes en busca del autógrafo
Entra Eto'o al patio de lo que fue la casa de Guzmán, de Juan de Quiñones y Guzmán, del linaje de la nobleza leonesa, atravesando un pasillo humano. Un murmullo infantil alerta de su presencia, un ¡ohh! contenido y asombrado. Avanza el príncipe del fútbol por el Palacio de los Guzmanes pantalón vaquero, jersey azul, deportivas blancas, cinturón a la moda y amplia sonrisa. Sorprende este Eto'o jovencísimo al natural, delgado, fibroso, sin rastro de la fiereza que adquiere en el campo. Un chaval, como los que él apoya. Saluda a los políticos, a los patrocinadores, a los organizadores y, sobre todo, saluda a los niños. Acaricia sus cabezas, les cuenta algo al oído. Un poco tímido. Como un gran chaval. Eto'o llega... y comienza el espectáculo. Sobre una tarima, el astro se dispone a brillar. No necesita focos, la luz de este tibio primer día de veranillo en León, tan esperado y que se ha hecho tanto de rogar -no como Eto'o- atraviesa el Palacio de los Guzmanes y le da directo en el rostro. «¡Que lo fiche la Cultu!», gritan desde el público. Queda claro desde el primer momento que esto va a ser un mano a mano entre el mito y su afición. La insistencia obliga al presidente de la Cultural, Domingo Cueto, a asegurar: «Tenemos el contrato preparado». Eto'o ríe divertido. Buen comienzo. Empiezan las presentaciones, los halagos, las descripciones y el público vuelve a tomar la palabra. «Qué decir de Eto'o, ese gran hombre, ese gran futbolista...». «¡El mejor!», grita el público. Sentencia inapelable. Risas, aplausos, jaleo. Una equivocación con el nombre lleva a una aficionada a exclamar: «¡Al final le vamos a poner Manuel en vez de Samuel!». «Todo es bueno si se queda», responde parsimonioso Cueto. Entra en juego el mejor Eto'o. Generoso, simpático, inteligente. Reconoce que los errores del Barça le han hecho perder la Liga pero también que el Real Madrid es un «gran campeón». Los aplausos se convierten entonces en ovación. Ya tiene de su parte no sólo a sus incondicionales sino también a los de su gran rival, que también los hay en el patio del palacio. Primera gran conquista en casa de los Guzmanes. Sigue ganando batallas Eto'o. «No puedo tener celos de Ronaldinho porque somos amigos y meto más goles que él (lo dice con modestia). Además, nunca creí que iba a llegar donde estoy y me es suficiente». Más reflexiones: «El fútbol está en la cabeza, no en los pies». La inteligencia como forma de vida. Uno de los tres pilares de su discurso, de su mensaje, que los niños comprendieron con claridad. «Dice Eto'o que hay que estudiar, pensar y ayudar a los demás», resumía una de las crías. «¿Dónde vas de vacaciones?». «No sé, a un sitio tranquilo». «Ven a mi casa, que es grande». «Gracias, cariño. Llevo un equipo de fútbol, tengo tres niños». «Yo otros dos». Siguió el particular diálogo con el público. «¿Irías al Madrid?». «¿Cómo?», disimuló como si no hubiera oído bien. «Enhorabuena al campeón». Más aplausos y el comentario en bajo del presidente de la Diputación, Javier García Prieto: «Qué bonito». El público, que estaba ya rendido ante la madurez del futbolista, entró en éxtasis cuando se puso a hablar de León. «Volveré», comenzó diciendo. Y tuvo que parar porque la ovación fue atronadora. «Volveré de vacaciones, no diré cuándo, pero volveré. Me gustaría hacerlo con mi familia, con más tiempo y para descansar. He visto un castillo en el que me han alojado que es espectacular (por el Hostal de San Marcos). Nunca había dormido en un castillo». El Eto'o que se asombra como un niño asombra al auditorio. Y luego, lo conmueve cuando habla de su infancia sin nada en Camerún o de los africanos que vienen en pateras. «Una vida no tiene precio, por eso quien la arriesga es porque ya no tiene nada que perder». Y señalando al presidente de la Diputación: «Nosotros no podemos hacer nada porque tenemos voluntad pero no poder. Los políticos tienen el poder y son los que tienen que hacerlo». Silencio profundo en el patio. No dice nada de su fundación pero Eto'o, como otros, podía estar tomando caipiriñas en lugar de viajar de un lugar para otro en busca de financiación para ayudar a 4.000 niños en Camerún, a los que paga sus estudios, les enseña fútbol y da dinero a sus padres para que no les obliguen a trabajar y puedan seguir en la escuela. Por eso, el aplauso cerrado cuando al recoger el cheque que le entregó la empresa promotora leonesa Pisorama, Eto'o se llevó la mano al corazón. Luego firmó autógrafos, se hizo fotos y consoló en sus brazos a una niña que lloraba porque no había logrado su firma. Con la misma sonrisa, con su exquisita educación, casi en volandas, el príncipe del fútbol abandonó el palacio en el que reinó durante casi una hora. Se fue a comer en el mismo «castillo» en el que durmió. Por la mañana, en el Área deportiva de Puente Castro, el delirio fue total. Firmó cientos de camisetas, se dejó besar, abrazar, tocar. Charló con los entrenadores, aconsejó a los futbolistas y agradeció a la Cultural el trato que había recibido. Otra vez humilde, generoso, grande. A las cinco de la tarde, en el Aeropuerto de León, un joven le grita: «Hala Madrid». «Enhorabuena por la Liga, amigo», le responde. El mito sube en el avión y se va. Queda su estela. La del mejor Eto'o.