Diario de León

LUCHA LEONESA Y ALGO MÁS

Anclados en la rutina

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MARRO
León

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MÁS DE lo mismo, sería la definición más ajustada del balance de la temporada. Continuar sumergidos en la rutina de lo arcaico ha sido el sino de esta temporada de lucha. Total, que sigue siendo el maleficio que sigue condenando nuestro deporte. De lo cual se desprenden dos temores crecientes. Uno inspirado en la Ley de Murphy: todo lo que está mal es susceptible de empeorar. Y otro en la misma línea de preocupación, por más que le concedamos el margen -remoto- del interrogante: ¿existe algún indicio que permita al menos intuir que la temporada próxima vaya a ser distinto...? Sí, distinto al «más de lo mismo». Más de lo mismo. Esa podría ser también la conclusión a que nos llevaría el saldo final del 2007. Anclados en el pasado... En el pasado más rancio, que no es la tradición inspirada en la cultura popular leonesa. Lo arcaico y cutre en detrimento de lo tradicional, costumbrista y sentimentalmente leonés. ¿Rutina hemos dicho? Este verano se abrió la veda de homenaje a ex luchadores. Una especie de concurso cazurro a ver quién homenajea más. Como el mimetismo de tantos otros empeños miméticos en base a retrocesos más o menos folklóricos y con el pintoresquismo a cuestas. Que una cosa es la vidilla y el ambientillo y otra cosa muy distinta un deporte estructurado, organizado y moderno. El ambientillo y la vidilla le puede ir muy bien a un Ribera/Montaña, incluso disfrazando a los luchadores con pantalones arremangaos e incluso con boina: este columnista todavía lllegó a presenciar en los años sesenta la salida al corro con gorra y ya no digamos con pantalones de calle... Pintoresco ¿verdad? Un joven lector, que igual podía ser un veterano aficionado, puntualizaba y complementaba nuestras acotaciones de hace un par de semanas en relación con los «atascos generalizados». Corro de Riaño: los espectadores superando la línea única -¡una solamente!- limitadora del terreno de lucha. Desuniformidad arbitral. De ropa y de criterio. Aparte de la disparidad de pantalón entre la pareja, uno con visera (más o menos comercial y acaso para estar a la altura -bajura- de los folklóricos/pintorescos sombreros de paja de la mesa) y otro a pelote dicho en cazurro. En cuanto a personalidad y criterio exigible, psicología de mano izquierda y diplomacia, que en gran medida lleva implícito el sentido común... pues que en la lucha leonesa tal pareciera el menos común de los sentidos. Y que no excluiría otros aportes complementarios. En cuanto a lo calificado como numerito de Pesados, o «pesadas tomaduras de pelo de Pesados» en calificación de otro lector, se sorprende y le choca que no se ponga remedio a lo largo de tanto tiempo aguantando tamañas inaguantables pesadeces. Se incide en que para las salidas alejadas de los habituales enclaves luchísticos, debería afinarse mucho más en su preparación. No se puede -no se debe- dejar al albur de cada cual la presencia de luchadores; limitándose a comparecencias espontáneas con riesgo de inscripción y participación descompensada. Otra acotación más. Se comparte la idea de que si la Fiesta del Alucha se vincula a pradera y espontaneidad, consérvese dentro de sus demarcaciones y fronteras naturales. Sin descolgarse vía aluchera-pendonera y festivo-folklórica, en clave de la luche, los aluches, el luche, los luches, el aluche... O sea sin incorporar más folklore aluchero -todavía más-, en sintonía con las otras luchas folkloricoceltas, a una sufrida lucha leonesa que todo lo aguanta y todo lo soporta. Y es que en clave fatalista -¿o realista?- «lo que no puede ser no puede ser y además es imposible», que diría El Guerra (el torero, no el hermanísimo de mienmano ). Recuérdese, columna crítica y de opinión. Crítica analítica e independiente. De crítica deportiva; lo más alejado de una crónica deportiva-folklórica: con referencias transversales de la guapa leyenda al guapo luche, a la guapa tarde o las guapas montañas circundantes. En nuestro caso la belleza, la grandeza de la lucha leonesa en sí misma, en su propio componente deportivo y en su proyección de futuro, nos colma y nos desborda.

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