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Primero gozar y al final sufrir

Mientras le duró el fuelle, el Ademar hizo disfrutar a la afición pero al final acusó el cansancio del choque ante el Ciudad Real y estuvo a punto de perder un punto de oro

A pesar del día y de la hora, el Palacio registró una buena entrada

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G. Fernández - león
León

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Parecía que iba a ser otra noche de «buen rollito» pero al final las cosas se torcieron. En un pequeño intermedio de apenas tres días el Ademar salió decidido a brindar ayer a su afición otra noche de buen balonmano. En honor a la verdad, los primeros minutos hacían indicar que así iba a ser. Nadie sospechaba que el final reservaba unas dosis de angustia tan grandes como las que que se vivieron a falta de menos de un minuto para el final. Al final, no fue una noche mágica, plena de sensaciones como la que el equipo hizo vivir el pasado domingo al derrotar al Ciudad Real, el que está considerado como el mejor equipo del mundo. Fue una noche de contrastres: primero se gozó y al final se sufrió. El cansancio del partidazo ante el Ciudad Real y la escasez de rotaciones por las bajas pasaron factura al Ademar y a punto estuvieron de regalar un punto en un par tido que tuvieron controlado. Pese a todo, los miles de aficioandos que ayer se fueron al Palacio no se equivocaron al apostar por esa elección. Pese a los agobios, el equipo que hace apenas un mes transitaba con pso dubitativo por la liga y por la Liga de Campeones es ahora mismo un conjunto mucho más compacto. Se hace respetar y los rivales vuelven a saber que arrancar un punto en el Palacio de Deportes es de nuevo una empresa harto complicada. Por otra parte, la nota emotiva de la jornada la puso el pivote Héctor Castresana que ayer se convertía en feliz papá por segunda ocasión de un niño que se llamará Víctor. Quiso brindarle la victoria y aunque con apuros pudo hacerlo.

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