Bobby Fischer, el genio del ajedrez, muere en la indigencia
Considerado como un mito de este deporte, su corazón dejó ayer de latir a los 64 años

Bobby Fischer, fotografiado el 24 de marzo del 2005 en Islandia
El estadounidense Bobby Fischer, uno de los más grandes mitos de la historia del ajedrez, murió justo en el lugar en donde había logrado el triunfo más grande de su carrera: en Islandia, donde conquistó el título mundial al derrotar a Boris Spasky en 1972. A los 64 años, exactamente el número de casillas del tablero, Bobby Fischer ha muerto casi en el olvido después de haberlo sido todo en el mundo del ajedrez, el genio de lo universalizó y cuyas excentricidades sirvieron también para dignificar una profesión de la que muchos han podido vivir con dignidad gracias a él. El duelo contra Spasky en Reikiavik, a 24 partidas, fue un enfrentamiento dramático cuyo desarrollo mostró todos los rasgos fundamentales que caracterizaban la personalidad genial y compleja de Bobby Fischer. Sus manías, por ejemplo se negaba a jugar en una silla, dieron tanto que hablar como el desarrollo de cada partida en un duelo en el que Fischer se había propuesto poner fin a la hegemonía soviética. Los enemigos de Fischer aseguraban que debajo de la silla giratoria había un ordenador que explicaba por qué había tomado la delantera en el duelo del siglo. Los partidarios de la tesis del ordenador se creían reforzados por el hecho de que en un momento dado Fischer exigió, con éxito, que desaparecieran las cámaras de televisión de la sala porque le impedían concentrarse. Fischer, caracterizado por un juego agresivo e innovador, llegó a la final del Mundial contra Spassky con 29 años de edad tras haber derrotado al ex campeón del mundo Tigran Petrosian. Spassky, defensor del título, comenzó el duelo como favorito y ganó las dos primeras partidas. Fischer ganó la tercera y a partir de ese momento dominó el duelo casi a su antojo. Cuando logró una ventaja suficiente, empezaron a sucederse las tablas entre los dos contendientes y Fischer no volvió a ganar hasta cuando sólo le faltaba un punto, es decir una victoria, para coronarse como campeón del mundo. Tras coronarse campeón del mundo, Fischer había logrado su meta y prácticamente desapareció de la vida pública durante un largo periodo.Se negó a defender el título, que terminó siendo declarado vacante y conquistado por Karpov. Todo ello contribuyó a la leyenda y en la vida de Fischer es difícil distinguir lo que pertenece a la biografía y lo que forma parte de un mito que se ha ido tejiendo en torno suyo. Las peculiaridades de Bobby Fischer lo relacionan sin duda con otros mitos del ajedrez, como el legendario ruso Alexander Alejin, y hacen pensar que el juego-ciencia es uno de aquellos terrenos en los que la genialidad está muy cerca de la locura. Ayer, su vida se dio la mano con la leyenda.