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«¡Sí se puede!». Y fue verdad

La afición fue la mejor «vitamina» del equipo en los momentos más complicados

En el descanso se homenajeó al San José por la plata en la Copa de la Reina

En el descanso se homenajeó al San José por la plata en la Copa de la Reina

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G. Fernández - león
León

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L l ega el Kiel. Partidazo. Todos al Palacio que toca arrimar el hombro. Seguro, los muchachos no saldrán únicamente a cubrir el expediente. Se barruntaba, se percibía en el ambiente que el de ayer era uno de esos partidos a subrayar en rojo en el calendario de temporada. La afición leonesa lo sabía y no falló. Llenó el Palacio de Deportes y además lo hizo con fe, creyendo en las posibilidades de su equipo a pesar de las bajas y de los muchos tocados por lesiones o gripe. El Ademar ha demostrado sobradamente esta temporada que le van los retos difíciles. Los de Jordi Ribera se crecen ante los grandes (que se lo pregunten al Ciudad Real o al Barcelona) y si detrás tienen a miles de personas entregadas la maquinaria ademarista funciona mucho mejor. Y la afición no falló. Una vez más fue fiel a la cita. Respondió a los requirimientos del club. Desde casi una hora antes del choque contra los germanos llenó las gradas con sus cánticos, retumbar de tambores y de guerra y lluvia de papeles. Sin duda los jugadores del Kiel están acostumbrados a torear en plazas difíciles pero siempre se te encoge un poco el ánimo cuando se percibe una comunión así con el equipo. Una afición que late con un único corazón y que vive el partido con tanta intensidad y emotividad. Su empuje es contagioso. «Ademar a luchar» rezaba una gran pancarta desplegada por las peñas en uno de los fondos recordando el grito de guerra del equipo. Bien secundada por otras con todos los trofeos que ha conquistado el equipo leonés. Sale el Kiel a pista con Omeyer en cabeza. Decibelios de pitada. Hay que marcar el territorio. Lo hace el Ademar. Los aplausos atruenan. Al grito de «A por ellos, oe» empieza la contienda. Cuando las cosas pintaron mal el grito de «¡Sí se puede!» tiró del equipo hacia arriba. Pasan los minutos. El Palacio vibra con las paradas de Saric, los goles de Sarmiento y Stranovsky. Se llega al final 28-24 para el Ademar. La afición hace la ola en las gradas. El campeón hinca la rodilla. La plantilla saluda en el centro como los buenos toreros. Se lo merecen. La «faena» ha sido de dos orejas y rabo.

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