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MARTÍN
León

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EXTRAORDINARIO partido el derbi jugado en el Palacio de los Deportes. Un equipo, Ademar, que venciendo al cansancio acumulado por la sucesión de partidos y desplazamientos (tres en una semana) dio un ejemplo de entrega de coraje de profesionalidad y de amor a unos colores, a un tiempo. Su actuación puede catalogarse como magistral, como igualmente magistral fue el comportamiento de los casi cinco mil espectadores que acudieron al encuentro, a pesar de coincidir totalmente con el partido de la Copa de Europa entre el Real Madrid y el Liverpool; por añadidura, se enunciaba su televisión por Teledeporte, otro factor importante más para haberme quedado tranquilamente en casa y pasar de un partido a otro tranquilamente. Quiero hacer una salvedad, porque más de una vez se ha anunciado una retransmisión de Balonmano y luego, por fas o nefas, se ha retrasado en el tiempo o no se ha retransmitido, y yo no he comprobado esa posibilidad, pero el anuncio de transmisión estaba hecho.

El encuentro, entre pucelanos y ademaristas, fue un derbi auténtico. Hubo ambición de ganar en ambas partes, la gravitación del resultado era obvia, por la consiguiente repercusión en la tabla clasificatoria y por la que podía tener en el futuro. Pastor, con tranquilidad (la que no tuvo Jordi) para estudiar y plantear conveniente el partido, le llevó a poner sobre la cancha una actuación rápida, imponiendo la superioridad física; jugadores frescos contra jugadores, lógica y evidentemente, mermados por el cansancio. Y la "criada le resultó respondona". Porque cual si renacieran sobre sus propias cenizas cual el Ave Fénix, los ademaristas, con el apoyo sonoro y sonado de sus fieles seguidores, plantaron cara respondiendo al reto con todas las energías que les restaban, sin que ni uno solo dejara de poner sobre la pista todo lo que tenía; ejemplos vivos, por citar solamente a dos de ellos, me quedo con Buntic y Hector Castresana; el capitán evidentemente resentido de su tobillo lesionado puso todo lo que tenía sobre la cancha. Total que salvo un ligero titubeo en el inicio, donde los de Pucela firmaron las mínimas diferencias que tuvieron a favor, el resto fue un recital de Reale Ademar, desde el portero hasta los extremos. Por cierto que tanto Martin como Denis tuvieron intervenciones y momentos sublimes; Denis asumiendo responsabilidades en el lanzamiento desde los siete metros y Martin enervando a los espectadores con intervenciones magníficas.

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