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Terapia y catarsis luchística
PARTIENDO de lo que hay, y «hay lo que hay», con mínimas expectativas de una presidencia federativa y un equipo presidencial que se aleje de la mentalidad del aluche de la boina, el panorama que se intuye es desolador. Caótico procedimiento y manipulación aparte en el plano electoral (nuestro candidato ideal, el perfil del candidato que venimos defendiendo desde esta columna, se identificaba con nombre y apellido en la columna del 22 de octubre pasado).
Mas no podemos resignarnos con el presente que se vislumbra y menos regodearnos con el pasado más reciente del frustrado amedrentador con intimidatorias -"y banales- admoniciones. El juguete roto actual; el que tantas expectatvas se crearan (hasta casi mitificar) fabricadas artificialmente como luego se demostró, por venir de una saga aluchera -¦de «aluchepandarporcasa». Saga a cuyo frente, se decía, estaba un estudioso de mañas y estrategias-¦ alucheras. Todo un aluchero aval, vaya.
Así que se impone pensar mirando bastante más allá y sobrevolando por encima de estructuras formales. Poniendo en valor y optimizando los recursos de que se dispone. La marca -de calidad- de la lucha leonesa como tal y el colectivo de luchadores a través de sus respectivos clubes de lucha. Ahí sería donde habría que aplicar esa terapia -renovadora- y catarsis -mental- que invocamos en titulares. Otra mentalidad, en clave de deporte moderno y evolutivo que posibilite innovaciones, avances y, en definitiva, futuro para la lucha leonesa.
Y es que lo mejor de nuestra lucha, al margen de su apellido, son los deportistas; los practicantes del deporte. En este caso el conjunto de luchadores, los luchadores como colectivo. Pues «ese valor hay que ponerlo en valor». Su disponibilidad, su espíritu generoso han de aprovecharse -en el más noble de los sentidos- a la hora de proyectar en clave de futuro. De plantearse retos y objetivos a medio y largo plazo.
Las nuevas generaciones de luchadores son las más proclives a conectar con esa mentalidad más abiertamente deportiva, superadora del compadreo y el caciquismo. Exponer las bases y objetivos con claridad, sin que posiblemente sean precisas grandes dotes terapéuticas. Resérvense éstas para otros enclaves del hemisferio luchístico y sus inmediaciones.
Terapia en orden a superar desencuentros interclubes, buscando las mediaciones y arbitrios que sean precisos. El ente administrativamente registrado en la actualidad como «Club Agrupación Provincial de Lucha Leonesa», algo podría aportar como armonizador en base a su trayectoria contrastada: dos temporadas siendo reconocida como la mejor federación de León, en votación emitida por un Jurado formado por un representante de cada federación y de cada medio de información e integrada dentro de la «Gran Gala del Deporte Leonés» (Hostal de San Marcos); y a pesar de no tratarse en puridad de una federación en su sentido estricto.
Experiencia que debería llevar de armonizar a cohesionar, impulsar, exigir-¦desde ese frente común -"de intereses y objetivos comunes- del colectivo de clubes. Mucho más allá de prestarse a afrontar la «Liga de Primavera por Equipos», que también, sino a programas y actuaciones de mucho más alcance. Asumir el protagonismo que les corresponde; que debiera corresponderles como destinatarios naturales de ese «lobby y agitprop aluchero», a tornarse en ariete luchístico en orden a la proyección de futuro de la lucha leonesa.
Terapia generalizada. De federación y de clubes (como colectivo) y hasta de afición (en sus exigencias y marcajes), porque ¿qué decir de una opinión pública y publicada adormecidas hasta la extenuación? Desde la autocrítica, y esa sería la mejor terapia de partida: reconocimiento de la (mala)situación por la que atraviesa actualmente la lucha leonesa. Ni sirve como excusa el vacío de poder, ni resignarse a que las cosas van saliendo -"es un decir- por inercia; más bien rodando por inercia, que a la postre es como se ha venido (mal)funcionando en los últimos tiempos. Nada de ello puede servir de pretexto para limitarse a verlas venir «haciendo que se hace». Ya lo dejó escrito Machado: el hacer las cosas bien importa más que el hacerlas.
Catarsis generalizada, vía terapia de choque. Terapia reconversora de «la aluchera mentalidad del aluche de la boina». Pero sucede que, al no existir ningún tipo de esa autocrítica federativa, y que reclamamos para todos los frentes luchísticos, se ha de inducir desde fuera porque los de dentro están felices yendo agusto en su burra.
Dispuestos a seguir a lomos inmovilistas de la «emburrada» complacencia en ejercicio de permanente inmovilismo. Y entre tanto chupando de la teta pública.
Catarsis básica, fundamental e inaplazable. La casa (luchística) ha de empezarse por los cimientos, por la base (más allá de la lucha de base). Lo de la decoración -imagen luchística- está muy bien-¦siempre que las base y funamentos respondan. El edificio luchístico sin base ni estructuras consolidadas no se sostendrá por más adornos decorativos y florales que le cuelguen.
Terapia y catarsis generalizadas, pues-¦pero empezando por la base: el cambio de mentalidad.